Rosa Matos

Rosa Matos

Guitarrista y docente cubana que trasciende fronteras antillanas

Rosa María Matos es guitarrista y pedagoga. Fue la primera mujer en ganar el Concurso-Festival Internacional de Guitarra de La Habana. Nacida en Las Tunas, antigua Oriente, Cuba, el 17 de agosto de 1972. Inicia sus estudios en la Escuela de Arte de Las Tunas, con Bárbara Milián y José Armando Guzmán; los completó en el Instituto Superior de Arte, con Joaquín Clerch, Jesús Ortega, Rey Guerra y Harold Gramatges.
Ha recibido clases magistrales con Isaac Nicola, Leo Brouwer, Pepe Romero (España), María Luisa Anido, (Argentina), Wolfgang Leedle, (Alemania) y Costas Cotsiolis (Grecia).
Ha actuado acompañada por la Orquesta Sinfónica Mulheuse, Francia; y la Orquesta Sinfónica de San Salvador, El Salvador; y ha participado en eventos como el Festival de Guitarra de San José, Costa Rica; Festival de Guitarra de Ligita, Lichtenstein, en 2001; Festival de Guitarra Parrado, Michoacán, México; y el Festival de Guitarra del Mundo de Argentina, en 2004 y 2011.
En su trabajo guitarrístico con orquestas sinfónicas, ha interpretado obras como el concierto de Lorenzo Martínez Palomo, Nocturnos de Andalucía, junto a la Orquesta Sinfónica Mulheuse, en Francia y con la Orquesta Sinfónica de Córdoba, bajo la dirección de Leo Brouwer; asimismo, ha tocado el Concierto de Cojímar, de Roberto Valera, entre otros. Estrenó en Cuba obras de compositores contemporáneos como María Escribano, Claudio Prieto y Leo Brouwer. Como docente, ha impartido clases en la Universidad Autónoma, en la Universidad de Zacatecas (México), y en la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA). Actualmente es profesora del Instituto Superior de Arte, en La Habana, Cuba.

Matos ha obtenido diversos premios, tales como:

Primer Premio en el Concurso Amadeo Roldán, 1984 y 1986.
Premio a la mejor interpretación de una obra cubana, Concurso Nacional, 1988
Primer Premio Concurso Musicalia, convocado por el Instituto Superior de Arte, 1996.
Primer Premio en el IX Concurso y Festival Internacional de Guitarra de La Habana, 1998
Premio Masaru Kohno.
Premio Ichiro Suzuki.
Premio de la Radio Cubana.
Premio a la Maestría Artística, otorgado por el Instituto Superior de Arte

Jose Luis Castillo

Jose Luis Castillo

José Luis Castillo
Director de la orquesta de Cámara de Bellas Artes
Director invitado de la OSH

Uno de los directores y compositores más destacados y activos en el panorama musical actual. Afincado en México desde 1997, inició en España sus estudios de composición, análisis y dirección de orquesta para continuarlos en Salzburgo, Luxemburgo y París con Manuel Galduf y Alexander Müllenbach.
Su doble faceta de director y compositor le ha permitido ser considerado como uno de los  especialistas en el repertorio moderno y contemporáneo, desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Castillo ha dirigido el estreno mundial de más de ciento cincuenta obras, además de las primeras audiciones en Latinoamérica de algunos de los principales compositores de finales del siglo XX: Andriessen, Berio, Boulez, Donatoni, Francesconi, Gervasoni, Halffter, Manoury, Murail, Nishimura, Pesson, Rihm, Schuller, Trojahn, Xenakis y Zimmermann, entre otros.
José Luis Castillo es el actual director del Centro de Experimentación y Producción de la Música Contemporánea (Cepromusic) y director musical de la Camerata de las Américas. Ha dirigido en Alemania, Argentina, Austria, Canadá, España, Estados Unidos, Italia, Japón, Lituania, México, Polonia y parte de Latinoamérica. Fue director titular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato. Como director de ópera ha dirigido desde Scarlatti hasta Sciarrino, pasando por Mozart, Donizetti, Verdi, Puccini, Falla, Britten o Dallapiccola con una decidida vocación hacia la ópera contemporánea.

Rodolfo Halffter

Rodolfo Halffter

Rodolfo Halffter Escriche es un compositor español, nacido en Madrid, en 1900, y fallecido en México, en 1987. Su padre, Ernesto Halffter Hein, era de origen prusiano y su madre Rosario Escriche, catalana de raíces andaluzas. Halffter era el mayor de seis hermanos, entre los que se hallaba el también compositor Ernesto y la excelente pianista Margarita. El ambiente intelectual que reinaba dentro de la familia le llevó a conocer a personajes de la cultura del momento como el musicólogo Adolfo Salazar, Ramón Ledesma, Lorca, Alberti o Rubén Darío, asiduos de las reuniones celebradas en el hogar de los Halffter.
Se formó de manera autodidacta como compositor, si bien recibió algunas lecciones de armonía de Francisco Esbrí. Él siempre consideró como maestros a Falla, con quien tuvo bastante trato, a Debussy y a Schönberg, cuyo Tratado de Armonía, leído en su juventud le marcó enormemente. Fue el principal representante de la llamada Generación musical del 27 o Generación de la República, integrada por músicos como su hermano Ernesto, Gustavo Pittaluga, Salvador Bacarisse o Rosa García Ascot, entre otros, y en ella jugó un papel activo hasta el final de la Guerra Civil Española.
En la década de los veinte entró en contacto con los intelectuales que se reunían en la Residencia de Estudiantes, como Juan Ramón Jiménez, Salvador Dalí, Luis Buñuel y Rafael Alberti. Cuando este último ganó el Premio Nacional de Literatura con Marinero en Tierra, Rodolfo y otros músicos pusieron música a algunos de sus poemas. Varias décadas después, en 1960, Halffter escribiría su opus 27 para voz y piano, que lleva el mismo título que la citada obra de Alberti.
También fue en esta década cuando Halffter trabó amistad con el pianista húngaro afincado en Madrid, Fernando Ember, quien interpretó diversas obras suyas en la Sociedad Nacional de Conciertos de Madrid. Asimismo, gracias al ya citado Adolfo Salazar, Halffter entró a trabajar como crítico musical para el diario El Sol hacia 1924. Su música en este período se acerca por un lado al scarlattismo que tanto admiraba Manuel de Falla, al neoclasicismo que interesó a su generación y, por otro, a la modernización del lenguaje de la música española a la manera de Falla y de la música europea del momento. Fue el propio Falla quien le dio consejos acerca de su Suite para Orquesta Don Lindo de Almería opus 1 y sus Sonatas de El Escorial opus 2 para piano, que deben mucho a la obra para clave de Falla, Padre Soler y Scarlatti.
En 1938 presentó en París un concierto de sus obras y, un año después, finalizada la Guerra Civil, se exilió en México donde obtuvo la nacionalidad mexicana, si bien nunca renunció a la española. Durante la contienda española compuso la ópera Clavileño y las Canciones de la Guerra Civil Española. Una vez en México, evolucionó hacia nuevos lenguajes, aproximándose a la “politonalidad aparente”, que seguía las teorías expuestas por el francés Louis Lucas en su libro L´acoustique nouvelle, y al serialismo, lo que se refleja en Tres hojas de álbum y Tripartita.
En 1940 fue nombrado profesor del Conservatorio Nacional de México, y ese mismo año se estrenó Don Lindo de Almería en versión para ballet, a cargo de la coreógrafa y bailarina Ana Sokolov, a la sazón amiga de Halffter. Fruto de este estreno surgió la compañía de danza moderna La Paloma Azul, fundada por la propia Sokolov y cuyos colaboradores fueron el escritor José Bergamín y el propio Rodolfo Halffter. El músico fue nombrado pronto director artístico de la compañía, que estrenó diversos ballets con partituras de compositores mexicanos o afincados en México en la época como Carlos Chávez, Carlos Blas Galindo o Halffter.
Halffter fue también editor-fundador de la revista Nuestra Música (1946-1953) y en 1959 fue nombrado secretario del Departamento de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes de México. Dos años más tarde, se unió al consejo asesor de la Orquesta Sinfónica Nacional mexicana, y por aquella época comenzó a investigar la composición modal y a plantearse formas aleatorias, lo que resuelve en obras pianísticas como Sonata 3 y Laberinto. En su producción, que no pierde las raíces españolas, destacan las piezas para piano, que pueden considerarse junto con las de Frederic Mompou, las más importantes escritas por un español en el siglo XX.
A partir de la década de los sesenta realizó frecuentes viajes a España para impartir cursos en Granada y Santiago de Compostela. En 1969 fue nombrado miembro vitalicio de la Academia de Bellas Artes de México y en 1986 obtuvo el Premio Nacional de Música de España. La última obra que escribió fueron sus Apuntes para Piano (1985), una de cuyas piezas era un homenaje a Francis Poulenc.

Joaquín Gutiérrez Heras

Joaquín Gutiérrez Heras

Nacido en Tehuacán, Puebla, el 28 de noviembre de 1927, Joaquín Gutiérrez Heras estudió arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), carrera que abandonó para dedicarse por completo a la música. Comenzó su formación como autodidacta, y en 1950 ingresó al Conservatorio Nacional de Música, bajo la guía de Irme Hartman, así como de los compositores Rodolfo Halffter y Blas Galindo. Posteriormente, estudió en el Conservatorio de París con el compositor Oliver Messiaen y la directora de orquesta Nadia Boulanger, además de la Escuela Juilliard, en Nueva York, donde se graduó como músico.
Fue director de Radio UNAM, de 1966 a 1978; impartió la materia de Análisis en el Conservatorio Nacional, entre 1969 a 1970, y se desempeñó como maestro de composición en el taller del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), de 1974 a 1977. Aunque desde hace 15 años dejó de tocar el piano y de componer por motivos de salud, para Gutiérrez Heras la música era su vida y el reconocimiento a su trabajo era parte de ella. Baluarte de la música mexicana, entre los reconocimientos que recibió Gutiérrez Heras destacan la Diosa de Plata, el Ariel y la Medalla Salvador Toscano.
Su catálogo incluye más de setenta obras, entre ellas Divertimento para piano y orquestaSinfonía breveTrópicosCuarteto de cuerdasVariaciones sobre una canción francesa y Postludio, ésta última es una de sus piezas más interpretadas.
El pianista Raúl Herrera destacó que el músico poblano se caracterizó siempre por su independencia de pensamiento artístico: “Nunca formó parte de un grupo estético. Escribía música tonal y completamente atonal, según lo que considerara adecuado para el momento.
En cine, por ejemplo, hizo obra “muy tradicional y otra muy de avanzada, en la que por ejemplo llegaba a jugar con discos de acetato, como después lo harían los diyéis”, agregó.
Quizás durante un tiempo fue visto como un músico marginal, pero después fue adquiriendo la posición que merecía en la historia de la cultura en México. Jamás compuso para ganar aplausos: siempre lo hizo en términos de su necesidad creativa, y en el caso de la música para cine, de lo que requiriera la película.
En 2012, año de su muerte, las orquestas dependientes del INBA dedicaron todas las presentaciones de un fin de semana a la memoria del compositor; igualmente, la Filarmónica de la Ciudad de México le rindió homenaje en el Centro Cultural Ollin Yoliztli. Lo anterior se suma a un recital con su obra, como parte del Foro Internacional de Música Nueva Manuel Enríquez.
Por su parte, la actriz y directora teatral Martha Verduzco, vecina y amiga de Gutiérrez Heras, recordó que una conocida común lo describía así: “Era adorablemente insoportable. Su personalidad accesible y fría era sólo una apariencia defensiva”. (La Jornada, texto base).

Joaquín Turina

Joaquín Turina

Sevillano de prodigios musicales precoces

Joaquín Turina Pérez nace en Sevilla, el 9 de diciembre de 1882, en el seno de una familia de clase media. Su padre, Joaquín, de ascendencia italiana, nacido también en Sevilla en 1847, pintor, formado en la Escuela Provincial de Bellas Artes y miembro destacado de la escuela sevillana. Su madre, Concepción, nació en un pueblo cercano a Sevilla. Con cuatro años adquirió la reputación de niño prodigio por sus improvisaciones con un acordeón regalado por una de las criadas. Recibió las primeras lecciones de música en el Colegio del Santo Ángel y acompañaba al coro de niñas de ese centro. Cursa el bachillerato en el Colegio de San Ramón, y empieza los estudios de piano con Enrique Rodríguez. A partir de 1894 estudia armonía y contrapunto con Evaristo García Torres.
Sus primeros reconocimientos como intérprete y compositor, los obtuvo con un quinteto con piano que formó con unos amigos y al que dieron el nombre de La Orquestina para actuar en fiestas y reuniones. También tocaba el piano a cuatro manos con sus profesores.
Su presentación oficial ante el público fue el 14 de marzo de 1897, en la sala Piazza de Sevilla, en un recital organizado por la Sociedad de Cuartetos, en el que interpretó al piano una Fantasía sobre el Moisés de Rossini, de Segismundo Thalberg. Las críticas de la prensa local destacan el éxito y la superación de las dificultades de la obra. Diez meses después, vuelve a actuar con éxito de crítica y público en la misma sala y empieza a explorar la composición para teclado o conjuntos de cámara. Su primera obra orquestal es Coplas al Señor de la Pasión, escrita para la Hermandad de Pasión y estrenada en la Iglesia del Salvador con una orquestita de veinte músicos, coro de hombres, tenor y barítono, dirigidos por el autor.
Su afán de crear una obra de mayor envergadura hace que con quince años escriba una ópera, La Sulamita, basada en un libro de Pedro Balgañón. El autor confiesa haber escrito y orquestado los tres actos de la ópera con todo entusiasmo y que creía fácil su estreno en el Teatro Real de Madrid. Más tarde, celebraría que ese estreno no se realizara. Iniciados y abandonados los estudios de medicina, decide dedicarse profesionalmente a la música y su maestro García Torres le señala la necesidad de trasladarse a Madrid. Cuenta con el apoyo de su padre que deja, incluso, disposiciones testamentarias para que su hijo cuente con recursos para ampliar sus estudios fuera de Sevilla.

Su llegada a Madrid, regreso a Sevilla y de vuelta a la capital

En marzo de 1902, a los tres días de llegar a Madrid, Turina acude al paraíso del Teatro Real para escuchar a la Orquesta de la Sociedad de Conciertos, bajo la dirección de Wassilly Sapelnikow, que ofrecía la primera interpretación en Madrid de la Quinta Sinfonía de Chaikovski. De toda la vida musical madrileña serán los conciertos orquestales lo que más impresionen al joven Turina, por encima de la ópera, la zarzuela, los recitales o los conjuntos de cámara.
En este primer viaje a Madrid su padre moviliza a sus amistades, sobre todo al también pintor José Villegas, con el ingenuo propósito de que su hijo estrene su ópera La Sulamita en el Teatro Real. En una audición privada conocerá a Conrado del Campo del que luego sería compañero durante tantos años. Vuelve a Sevilla sin haber logrado su propósito y en el mes de octubre retorna a Madrid para quedarse durante tres años estudiando. Reanuda la relación con José Villegas, que en aquel momento era director del Museo del Prado, se hace amigo del librero Fernado Fé, del crítico y compositor Manuel Manrique de Lara y, en el paraíso del Teatro Real, conoce a Manuel de Falla, al que le unirá una amistad de toda la vida.
El 14 de marzo de 1903 se presenta ante el público madrileño en el Ateneo, con obras de Scarlatti, Beethoven, Schumann, Wagner y tres obras propias hoy desaparecidas: La danza de los elfos, Variaciones sobre cantos populares y Gran polacca.
En Madrid no llega a dar ninguna clase de composición, seguramente porque no encontró a un profesor adecuado. En cambio, perfeccionó su preparación pianística con José Tragó. Sigue componiendo obras para piano, un trío, un quinteto, un sainete titulado La Copla y otro, con libreto de los hermanos Álvarez Quintero, titulado Fea y con gracia. Su vida personal cambia radicalmente entre 1903 y 1904 con la muerte de sus padres y la decisión de seguir el consejo de José Villegas de trasladarse a estudiar a París.

Joaquín Turina en París

Turina se instala en París a finales de 1905, en el Hotel Kléber y por mediación de Joaquín Nin, empieza a dar clases de piano y de composición con Moritz Moszkowski. A las pocas semanas, en enero de 1906, siempre a través de Nin, se inscribe en las clases de composición de Vincent D’Indy en la Schola Cantorum, aunque continúa con Moszkowski como profesor de piano.
El 29 de abril de 1907, se presenta con éxito frente al público parisino en la Sala Aeolian. Junto al Cuarteto Parent, interpretaron quintetos de Brahms y de Franck , y Turina en solitario presentó su Poema de las estaciones. A los ocho días vuelve a la misma sala con el mismo cuarteto para el estreno de su Quinteto en sol menor. La obra tuvo éxito, entró en el repertorio y fue galardonada en el Salón de Otoño del año siguiente. Al organizar su propio catálogo, Turina considerará este Quinteto como su primera obra, ignorando todo lo escrito con anterioridad.
Pero el mejor premio fue que en la Sala Aeolian estaba Isaac Albéniz. Turina confiesa que la conversación con Albéniz y con Falla, que también estaba entre el público, en la velada que siguió a ese concierto le cambió completamente sus ideas estéticas. La define como la metamorfosis más completa de su vida. Albéniz puso todo su empeño para que el Quinteto se editara y a cambio le hizo prometer a Turina que nunca más escribiría música de influencia francesa, que basaría su arte en el canto popular español, o, mejor aún, andaluz. En su etapa parisina, Turina escribe otras diez obras en las que poco a poco va distanciándose del ambiente de la Schola Cantorum para dar paso a los cantos, ritmos, luz y alegría tan característicos de su Andalucía natal.
En 1908 contrae matrimonio con Obdulia Garzón y dos años después nace el primero de sus cinco hijos. En 1913 culmina su periodo de formación en la Schola Cantorum. El certificado de estudios firmado por Vincent D’Indy está fechado el 4 de marzo, y el día 30 de ese mismo mes se estrena con enorme éxito en el Teatro Real de Madrid La procesión del Rocío por la Orquesta Sinfónica de Madrid, bajo la dirección de Enrique Fernández Arbós. El estallido de la Primera Guerra Mundial fuerza la salida de París y el retorno definitivo de Turina a Madrid.

Domicilio definitivo en Madrid (1914 – 1949)

Se instala en el que será su domicilio definitivo en la calle Alfonso XI n. 5 (hoy n.7) y el primer estreno que realiza, en octubre de 1914, es la comedia lírica Margot, opus 11, con libreto del matrimonio formado por Gregorio Martínez Sierra y María Lejárraga, que serían su colaboradores habituales para las obras teatrales. En enero de 1915 se realiza un concierto en el Ateneo de Madrid para presentar a dos jóvenes músicos que acaban de terminar su formación en París: Falla y Turina. La producción de Turina se centrará en la música sinfónica, de cámara, canciones y, sobre todo, obras para piano, que dentro de su catálogo sobrepasan los sesenta títulos de los poco más de cien totales.
Además, Turina mantiene una intensa actividad concertística, bien solo o con conjuntos de cámara o con cantantes. Como director de orquesta realiza los estrenos de sus obras Navidad  y La adúltera penitente, de la pantomima de Falla El corregidor y la molinera y, en 1918, Serge Diaguilev le contrata como director de la gira de los Ballets Rusos por España.
Estuvo contratado como maestro concertador en el Teatro Real en las mismas fechas que, como compositor, estrenaba las Danzas fantásticas, la Sinfonía sevillanaSanlúcar de BarramedaJardín de OrienteLa oración del torero y el Trío n°.1. También se dedica a la enseñanza de composición, primero de forma particular en su casa y, a partir de 1931, desde su Cátedra en el Conservatorio de Madrid y lo compagina con conferencias y clases magistrales, dentro y fuera de España. Y en la misma línea de aportación teórica hay que destacar, por su singularidad en el panorama musical español, la publicación en 1917 de la Enciclopedia abreviada de la música y, al final de su vida estaba preparando un Tratado de composición musical del que solo completó los dos primeros volúmenes.
En el año 1926 inicia la que será una constante hasta el final de su vida. La colaboración en la prensa escrita como crítico musical. Primero en El Debate hasta la desaparición del periódico en 1936. Luego en el periódico Ya y, por último, en el semanario Dígame. Después de la Guerra Civil española, que Turina pasa en Madrid, amparado por un carnet que le identifica como ”empleado” del consulado británico, se le integra primero en una comisión encargada de la reorganización de los conservatorios españoles, y luego se le nombra Comisario General de la Música, puesto desde el que impulsa la definitiva organización de la Orquesta Nacional.
La acumulación de empleos, ocupaciones y una enfermedad que iba haciéndose cada vez más evidente hizo disminuir mucho su producción musical. En los últimos nueve años de vida solo compuso trece obras. La última de su catálogo es la pieza pianística titulada Desde mi terraza que lleva el número de opus 104 y está fechada en 1947. Joaquín Turina falleció en Madrid el 14 de enero de 1949.

Válvulas de escape del compositor

Entre las evasiones favoritas del músico estaban la lectura y la fotografía, que siempre cultivó. En su primera época las tertulias de café, las reuniones con amigos, casi siempre con música, los paseos familiares por el cercano Parque de El Retiro y por el Madrid de los Austrias. Sentía gran pasión por las procesiones: si le era posible acudía a Sevilla en Semana Santa. No era asiduo pero le gustaban los toros y el cine. Acudía, en compañía de sus hijos, a todo tipo de manifestaciones militares: desfiles, paradas, relevos. También con sus hijos le gustaba ir al circo y a las verbenas de barrio para subirse a la noria.

Adaptado: www.joaquinturuna.com

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