La Primavera de Pilar Aguilar

La Primavera de Pilar Aguilar

Quien iba a sospechar que el nacimiento de una nieta pudiera dar forma a lo que hoy en día se convierte en la primera composición para Orquesta Sinfónica, de la compositora y pianista costarricense Pilar Aguilar.

Desde la temprana edad de 19 años, Pilar se perfilaba como una profesional sobresaliente iniciando una carrera promisoria con su solo para piano, y debutando en el Teatro Nacional en el año 1981. Con un perfil de proyección internacional impecable, Pilar Aguilar hoy dedica a su nieta, Valentina, la obra “Concierto Primavera”, confesando el retorno de “…la Primavera: cantaron los pájaros, regresó el calor del sol y florecieron nuestras vidas”.

Esta presentación ya marca un hito en nuestro país, representando, además la primavera en el liderazgo femenino innegable en la composición orquestal costarricense. La Orquesta Sinfónica de Heredia y su Junta Directiva, han ofrecido nuevamente las condiciones para que este acontecimiento histórico suceda.

La Elegía a la vida

Pilar Aguilar es una mujer con una proyección internacional bastante sobresaliente, tanto a nivel de composición, pianista, concertista y conferencista. Inicia sus estudios en piano en Costa Rica con Irma Schaubeck y el maestro Carlos Enrique Vargas. Y a sus 19 años inicia sus estudios internacionales en Inglaterra, en la prestigiosa escuela Royal Northern College of Music, en Manchester, bajo la guía del profesor de piano Derryck Wyndham. Especialista en piano, Pilar cuenta con diversos estudios académicos en Londres y España en áreas como ejecución del piano e interpretación pianística.

Con este perfil, y siendo una mujer costarricense, ha influenciado a muchas personas que tienen un interés en desempeñarse profesionalmente en la música, ejemplo de ello es su hija Grace Marín, con quien comparte conciertos y ha grabado un disco. Y con “Concierto Primavera” logra sobresalir, alcanzando uno de los objetivos de vida más importantes: una composición para orquesta sinfónica.

Dejando huella

Maestra incansable, Pilar ha influenciado la formación de muchos músicos costarricenses, algunos de ellos con una trayectoria sobresaliente, como el compositor y pianista Marvin Camacho, que ya cuenta con un importante catálogo de obras que ya forman parte del patrimonio costarricense. En su carrera como educadora ha innovado en la forma de enseñanza con su libro “Metodología de la enseñanza del piano con sólo la mano izquierda”, que será publicado Instituto de Música de la Orquesta Sinfónica Nacional. Este libro es calificado cómo “único en su género” pues recopila las enseñanzas que dio Aguilar a un alumno que nació sin su brazo derecho y requirió un extenso trabajo de investigación musical, edición y arreglo de obras específicas para la mano izquierda.

Alas abiertas

Pilar confiesa que se encuentra con alas abiertas, luego de que se enfrentara al reto de componer una obra para cuarteto de cuerdas y orquesta, solicitud que le hace Eddie Mora, el Director Artístico de la Orquesta Sinfónica de Heredia en el 2014 para ser estrenada con el Cuarteto Hispano como solista. Durante la preparacion de “Concierto Primavera”, Pilar contó con la compañía y supervisión de la compositora mexicana Gabriela Ortiz, lo cual afirmó su confianza en que su trabajo es verdaderamente bueno.

Pilar Aguilar forma parte de una nueva generación de mujeres creadoras que lucha por abrirse un espacio para exponer sus ideas musicales, en un campo en el que las mujeres han tenido pocas oportunidades. En el pasado hubo antecesoras que abrieron brecha en la composición: Dolores Castegnaro y Rocío Sanz también publicaron sus obras por medio de grabaciones y ediciones impresas. Sin embargo, el registro histórico de su trabajo es escaso.

Hoy, después de varias décadas, es la primera vez que se estrena la obra para orquesta, creada por una compositora costarricense viva. Este hecho es motivo de celebración y el inicio de nuevos caminos en la música costarricense.

Autores: Melissa Volio Cordero – Elías Jiménez García
Alternativa Sonora – Temporada 2016

Alternativa Sonora – Temporada 2016

La Orquesta Sinfónica de Heredia | Costa Rica (OSH – CR) nace de la iniciativa de un grupo de ciudadanos heredianos en la década de los sesenta del siglo pasado, y desde entonces ha venido formando parte de la vida musical del país. Hoy, a poco más de cincuenta y dos años de fundada, la Asociación Sinfónica de Heredia y la Orquesta Sinfónica de Heredia continúa su viaje, en una nueva etapa musical, que traza sus líneas en su temporada 2016.

Alternativa Sonora será el nombre que portará.

La OSH – CR se ha caracterizado en los últimos años por ofrecer al país una opción musical no convencional. Por cinco años, ha dedicado su mayor esfuerzo a difundir la creación sonora costarricense, ampliándola posteriormente a Latinoamérica y ahora, incorporando de una manera sostenida el repertorio de los siglos XX|XXI de diferentes regiones del mundo.

En estas diferentes fases, que se han reflejado en la elección de las obras y la temática de sus programaciones, se ha venido entretejiendo, construyendo, año con año, su perfil artístico, basado entre muchas cosas, en la necesidad de abrir espacios alternativos a la música de concierto, en promover un sinfonismo más dinámico y propositivo, en la generación de conocimiento, así como en el alistamiento de nuevas audiencias y en la proyección nacional e internacional.

Alternativa Sonora presentará una selección de obras de los compositores Alberto Villalpando – Bolivia, Igor Stravinski, Yuri Kasparov, Vladislav Soifer (Arreglista) y Pavel Karmanov – Rusia, Aaron Copland y Curt Cacciopo – Estados Unidos, Osvaldo Lacerda – Brasil, Marvin Camacho, Rafael Chávez Torres, Alejandro Cardona y Eddie Mora – Costa Rica, Silvestre Revuetas y Joaquín Gutiérrez Heras – México, Darius Milhaud – Francia, Lorenzo Palomo, Joaquín Turina y Rodolfo Halffter – España y Georgs Pelecis – Letonia.

Se presentarán estrenos mundiales y nacionales, siendo este rubro, uno de los más importantes en el quehacer de la OSH – CR.

Se contará con los solistas Cuauhtémoc Rivera (violín | México), Erasmo Solerti (violín | Costa Rica), Camila Berg (viola | Cuba), Leonardo Gell (piano | Cuba), Rosa Matos (guitarra | Cuba), Jesús Mozo Colmenero (acordeón | España), Alex Klein (oboe | Brasil) y el director | compositor José Luis Castillo (España | México).

Las dos sedes, ya muy reconocidas por el público nacional, que albergarán los sonidos de la OSH – CR serán el Teatro Eugene O´Neill en San José y la Parroquia Nuestra Señora Inmaculada en Heredia. Todas las actividades de la OSH – CR serán como lo han sido hasta la fecha, gratuitas para el publico.

Para la temporada 2016, la OSH – CR presentará un selección de obras grabadas en los años 2011 – 2015, que se conocerá como “LA CAJA”, en la cual se resume el trabajo y perfil de la orquesta en 10 discos compactos.

Este registro sonoro, fue realizado no solo objetivo de tener una memoria musical, si no también como una muestra tangible de la labor de la orquesta y de su equipo de investigación, grabación y edición, que por mucho tiempo, abrió brecha y fue pionero en Costa Rica, y que con esta producción, retrata el perfil artístico y objetivos de la agrupación que la han caracterizado, misma que tendrá su continuidad con la temporada 2016, reafirmándose y engrosando su catálogo discográfico.

La OSH – CR es un proyecto artístico innovador, tanto en lo musical como en lo administrativo. Nos complace mucho dar seguimiento a esta travesía cultural, con una temporada propositiva y alternativa.

Gracias a la Junta Directiva de la Asociación Sinfónica de Heredia, a su presidente Sr. Marvin Camacho, así también al Ministerio de Cultura y Juventud de Costa rica y a la Municipalidad de Heredia.

Les esperamos en nuestros conciertos!

Eddie Mora – Director Titular

 

Es precisamente la diversidad una de las características más sobresalientes de la OSH

Es precisamente la diversidad una de las características más sobresalientes de la OSH

El pasado Domingo 26 de Julio, un día después de la celebración de la anexión del partido de Nicoya, el salón del Teatro Eugene O’Neill fue inundado por un público de las más diversas características. Desde jóvenes adolescentes con vestimentas negras dignas de un concierto de rock pesado, hasta adultos mayores con trajes de diseñador adecuados para una cena de gala. El motivo de esta tan heterogénea confluencia de espectadores era el III concierto de la Orquesta Sinfónica de Heredia.

Es precisamente la diversidad una de las características más sobresalientes de la OSH. Esta agrupación logra reunir, en un solo espacio y con un solo fin, a personas de variados contextos socio-culturales. Esto desacredita totalmente a quienes afirman que la música académica o clásica está llegando a su fin. Quienes argumentan que los jóvenes están interesados únicamente en la música popular o afirman que aquellos que aman la música académica escuchan exclusivamente el repertorio eurocentrista decimonónico, se sorprenderían al ver este variado grupo de espectadores.

Y con este público, tan diverso, comenzó el III Concierto de la OSH. El silencio inicial fue roto con la delicadísima entrada de las cuerdas que tocaron una melodía sutil, como una leve brisa que logró robar el aliento a toda la sala. La obra era Psalom del compositor estonio Arvo Pärt (1935). Esta pieza creó en el teatro una atmósfera delicada, de una transparente belleza creada a partir de la repetición de un único tema que transmitió un cierto aire de suspenso. Esta obra sorprendió no por grandes masas sonoras, ni por impresionantes complejidades rítmicas o armónicas, sino por su extrema sencillez y gran delicadeza que hacen de la interpretación de la obra un trabajo complejo por su fragilidad.

La siguiente obra rompió de manera abrupta la atmósfera creada por la delicada melodía anterior, captando la atención de cualquier espectador que estuviera todavía inmerso en el solemne mundo de la pieza de Part. La obra era el Concierto para trompeta y orquesta de la compositora letona Ilze Arne (1953). En esta, la trompeta de Jānis Porietis irrumpió con mucha fuerza y gran ímpetu. Posteriormente el solista entró en un constante diálogo con la orquesta que llevó a los oyentes a muy diferentes paisajes. Estos variados ambientes fluyeron constantemente entre lo contemporáneo y lo de antaño.

Otra de las sorpresas, que fue de gran agrado para el público, fue la excelente iniciativa de no tener programa de mano impreso. En cambio, se proyectó un video en la sala, en el que algunos integrantes de la orquesta narraron con sus propias palabras de qué trataba la obra que se oiría a continuación. De esta manera se incorporaron elementos audiovisuales, que apelan a las audiencias más jóvenes, a la vez que se disminuyó el impacto ambiental que representa la impresión de los programas de mano.

La tercer obra comenzó con un delicado solo de clarinete que simbolizaba el sonido de un pequeño y sinuoso riachuelo bajando por las montañas. Este se iriá transformando en masas de agua cada vez mayores conforme se iban incorporando otros instrumentos de la orquesta. La obra que se estaba interpretando era del maestro boliviano Alberto Villalpando (1940). Las imágenes sonoras creadas por esta interpretación lograron que el público observara, como su nombre lo dice, Las transformaciones del agua y del fuego en las montañas.

Posterior a esta impactante obra del maestro Villalpando la entrada de una cimarrona con mascaradas sorprendió a todos los que estábamos presentes. Con esta sorpresa, y un breve relato de unos versos de Paco Amiguetti sobre el “pisuicas”, el director Eddie Mora introdujo la obra que cerraría el recital: La historia de un soldado del compositor Igor Stravinsky (1882).

Esta obra, como comentó Eddie Mora, es ya un clásico del repertorio universal, que lamentablemente se interpreta poco en nuestro país. Stravinsky lleva a los espectadores a través de la leyenda de un soldado, que regresando de la guerra, decide vender su alma al diablo. Su alma, en este caso, es simbolizada por un violín.

Con este variado repertorio se hace evidente que los conciertos de la OSH son un espacio en el que confluyen lo tradicional y lo innovador, lo central y lo periférico, lo contemporáneo y lo antiguo. De esta manera se demuestra lo que alguna vez dijo el gran músico Daniel Baremboim: la música es todo lo contrario del elitismo, es universal.

Escrito por Miguel Arango Calle, estudiante de la Escuela de Artes Musicales (UCR)

Este contenido se reproduce con fines divulgativos y representa exclusivamente la opinión de su autor.
Música viva desde las entrañas de la tierra

Música viva desde las entrañas de la tierra

 

El concierto de esta mañana por parte de la Orquesta Sinfónica de Heredia, llevado a cabo en el Teatro Eugene O’Neill del Centro Cultural Costarricense Norteamericano, nos abrió las puertas a la Semana Santa, mas no hacia aquella en donde el recogimiento, producto de la fe cristiana, sugeriría la interpretación de algunas obras sacras a manera de preludio para las conmemoraciones religiosas de estas fechas. Me refiero a esa otra cara, aquella en la que muchos costarricenses nos tomamos unos días de descanso para detenernos a disfrutar de las maravillas naturales que posee nuestro país, paisajes además compartidos con un país hermano como México, y que han inspirado ritmos como desde las entrañas de la tierra y el corazón del ser humano.

Esta mañana pudimos deleitarnos con obras como las del maestro Eddie Mora (director titular y artístico de la OSH) quien sin dejar atrás la búsqueda tímbrica y su acoplamiento orquestal, ni los efectos ni las técnicas extendidas de los instrumentos de la orquesta, nos regalo una obra en donde pudimos sentir las voces de la naturaleza emanando del refrescante verde de este país, desde sus aves, hasta los serpenteantes riachuelos, desde los tumbos de sus olas hasta el candente magma en las profundidades de sus volcanes, solo por mencionar algunos ejemplos. La obra en referencia es el estreno mundial de “Monologo para violín y orquesta de cámara”, donde el monologo melódico del solista, mediante la ejecución de notas sobreagudas (brillantemente ejecutadas por el violinista mexicano Cuauhtémoc Rivera) nos decían que esta belleza natural clama desde lo mas profundo una bella melodía que necesita ser escuchada y cuidada. La obra es así también por momentos dramática (el estruendoso bombo es el encargado de acompasar la magnanimidad del clamor), pero en donde dicho dramatismo es abrazado por el jolgorio orquestal. Un aplauso para el maestro Eddie Mora, poseedor de una beta creativa, con pinceladas muy suyas, pero a la vez impredecible.

El lenguaje de obras como las de los mexicanos Manuel Enríquez (1926-1994) y Eugenio Toussaint (1954-2011) nos dejan entrever la energía contenida que se desenvuelve rítmicamente para sacudirnos de cualquier posible letargo. La primera, de Enríquez, “Concerto Grosso, para dos violines, cémbalo y cuerdas” es una obra enmarcada dentro de los cánones del Barroco, tanto en intensidad y movimiento, como en los diálogos solistas-orquesta, pero en donde el lenguaje es un perfecto hibrido de lo tonal y lo un tanto alejado de ello. La segunda obra en mención, la de Eugenio Toussaint, el estreno nacional de “Concertino para quinteto de alientos y orquesta”, tiene como características principales la propuesta rítmica en compases de amalgama, pero sobretodo, la inserción del patrón rítmico conocido como “clave” en su parte central, que permite el ingreso del contrabajo y los instrumentos del quinteto, uno por uno, para recordarnos que somos latinoamericanos y que la Salsa es ya parte del acervo cultural de nuestros pueblos.

Pero si bien tenemos arte y parte en ritmos como la Salsa, llevamos sobretodo impregnado en nuestro ser latinoamericanos, un pasado “indoamericano”, como lo decía el extinto líder político peruano Victor Raúl Haya de la Torre. Así, el concierto matutino tuvo como corolario la “Sinfonía India” del también mexicano Carlos Chávez (1899-1978), obra que, como fue mencionado por el distinguido musicólogo mexicano Rubén López Cano (de visita en estos días en nuestro país) en instantes previos al inicio del concierto, esta basada en temas de los indios yaquis del estado de Sonora en México. Si bien la obra es producto de un afán de propuesta nacionalista, posee elementos que la acercan además a semejantes, como aquellas, las de su contemporáneo, el compositor norteamericano Aaron Copland, en los que las danzas, en este caso, el Jarabe Tapatío hacen acto de presencia.

Y para concluir este articulo, como ustedes verán: por el comienzo, he dejado para el final el hacer mención a la obra que abrió el concierto, la del compositor letón Georgs Pelecis (1947), esto, pues era el “ajeno” geográfica y musicalmente hablando. “Jazmín en Flor”, para violín, vibráfono y cuerdas, es una pieza bella, delicada, en la que el sonido del vibráfono nos insinúa el de una cajita de música, y en donde el violín solista y las cuerdas nos ofrecen las melodías que “la bailarina” en miniatura danza, entre las que se conjugan aires como de un sutil tango, un melancólico pero elegante baile de salón y música incidental. Esta pieza serviría cual plástica veladura (mas que como cortina de apertura) para un concierto que no habría que perderse, esfuerzo titánico por hacernos llegar obras como sacadas de un sombrero de magia, ya que no son de acostumbrada difusión, pero sobretodo, que están preparadas concienzudamente en todos sus detalles y por ende: brillantemente interpretadas, sin discusión alguna.

Escrito por Víctor Salazar, 29 de Marzo de 2015

Este contenido se reproduce con fines divulgativos y representa exclusivamente la opinión de su autor.
Los «SOLOS» de la OSH

Los «SOLOS» de la OSH

En medio de la oscuridad y algunos murmullos crece la expectativa de un ansioso público. Unas cuantas personas siguen buscando mejores asientos, pero la sala está llena, y los espectadores inquietos. Y es que cuando se habla de “SOLOS” se espera emoción, dinamismo, contraste, protagonismo y la conmoción surge.

Mientras tanto, van subiendo las luces del escenario y los músicos van tomando sus puestos. Pero solamente las sillas del pianista y las cuerdas son ocupadas. El silencio inunda la sala, y súbitamente, muy enérgicos y vehementes, los músicos sorprenden al público interpretando con gran carácter los primeros acordes.

Las métricas cambiantes y los ritmos complejos con los que continúa la obra son interpretados con gran precisión. Y del otro lado del escenario, la impredictibilidad de la pieza capta la atención del público. Conforme avanza la obra vamos percibiendo, de manera más evidente, la influencia musical de la cultura afrocaribeña. E inesperadamente, entre las aristas de este percutido y rítmico tema, el lirismo surge para inundar la obra. Así empieza un diálogo entre canto y rítmica que envuelve tanto al piano como a la orquesta. Estos dos elementos se perciben en congruente oposición, así como contrasta el cauce tranquilo, transparente y fluido de un río, con las piedras ásperas y sinuosas que en su fondo se ven.

Esta obra, RinoSONoronte, es un homenaje de Alejandro Cardona a la música cubana y se hace evidente en sus elementos constructores y hasta en una abstracción de tumbao que se puede percibir en el piano. A propósito de esto, Leonardo Gell, el solista de esta obra, es un pianista cubano. Músico muy apasionado, esto se nota en la limpieza y emoción con la que colorea su interpretación. No sólo se disfruta de su música, también de su presencia escénica. Y precisamente por esto, sorprende, después del merecido reconocimiento de los aplausos, su reentrada al escenario. Tras la orquesta sinfónica, ahora completada con vientos y percusión, Leonardo vuelve con entusiasmo después de un breve respiro a estrenar la Fantasía No. 1 de Marvin Camacho.

En breve, el Eugene O’Neill se transforma en un escenario acuático. De la nada, surgen curiosos sonidos. Da la sensación de estar frente a un gran lago calmo, escuchando las burbujas que provocan pequeñas piedras lanzadas al agua. Son los violines, que con el pizzicato seco que producen las cuerdas detrás del puente, dan inicio a esta obra rica en texturas. Esta aparente calma, rápidamente se va transformando en una marea; ahora fluctuante, luego vigorosa y en su clímax, sublime. Este ascenso es logrado mediante el uso recurrente de cromatismos, quintas paralelas y acordes de cuarta, elementos compositivos que caracterizan la obra de Marvin Camacho. En fin, un alúd sonoro invade a la audiencia entre virtuosos arpegios del piano y tuttis orquestales en los que sobresalen las poderosas melodías de la sección de bronces. A medida que se acerca el final de la obra, la marea vuelve a bajar y el piano retoma la palabra para exponer por última vez el tema.

Del sonido sólido y profundo del piano pasamos al tímido y frágil discurso de una guitarra que busca su identidad entre dos culturas tan distintas. Los ritmos de Brasil y Costa Rica encuentran un común en las notas del Concierto para guitarra y orquesta del compositor brasileño Wellington Gómez. Pero más que buscar la convergencia, la guitarra expone por medio del virtuosismo elementos particulares de cada cultura. En medio de escalas, ritmos complejos y discusiones acaloradas entre guitarra y orquesta, la obra nos lleva al estado de ansiedad y expectativa máximos. Y es hasta que el eco de las últimas notas es interrumpido por el aplauso y la ovación del público, que se encuentra en Mario Ulloa esa tan buscada conexión entre el país del tambito y el de la samba.

Para finalizar, con una obra contrastante en el repertorio de este concierto, el cuarteto White deja atónitos a los oyentes. Desde su entrada al escenario, con su impecable vestimenta en blanco y negro, anuncian el carácter extraordinario del Concierto para cuarteto de cuerdas y orquesta del compositor Bohuslav Martinů. Un rumoroso océano musical, liderado por las cuerdas, entreteje melodías cual corrientes marinas que atraen nuestra atención de un lado al otro del escenario. En algunos momentos son los violines del cuarteto quienes, seguidos por las secciones agudas de cuerda y viento de la orquesta, inician el ansioso diálogo. Por otro lado responde el cello, respaldado en su discurso por su sección orquestal, fagotes, contrabajos y demás graves. Así, este complejo entramado polifónico, crea un diálogo conciso pero impactante al ser escuchado como un todo.

Suenan las últimas notas de los músicos, las ansias expectantes que nos invadían al inicio de este concierto dan paso a esa especial satisfacción que sólo el arte puede provocar en la humanidad. Al final, quienes estuvimos presentes, pudimos inferir que la confluencia de distintos criterios e ideales permite concretar experiencias de mayor trascendencia. Y es que si bien esperábamos “SOLOS”, obtuvimos más que eso, diálogos sonoros.

Escrito por Miguel Arango Calle, estudiante de la Escuela de Artes Musicales (UCR)

Este contenido se reproduce con fines divulgativos y representa exclusivamente la opinión de su autor.
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