«Heredia» Quinta producción discográfica de la OSH

«Heredia» Quinta producción discográfica de la OSH

Hace más de 50 años, en 1962, la Orquesta Sinfónica de Heredia empezó su trayectoria musical y se insertó en el ámbito cultural costarricense. A los largo de estos años, varios de los músicos más importantes de Costa Rica colaboraron con la orquesta, entre ellos: German Alvarado (director y fundador), Benjamín Gutiérrez, Walter Field, Julio Mata, Carlos Enrique Vargas y Daniel Zúñiga.

Tras el fallecimiento en el 2003 de German Alvarado, director titular del conjunto, inicia una nueva etapa para la Orquesta Sinfónica de Heredia, esta vez bajo la batuta de Eddie Mora, quien para una entrevista en la Revista Dominical del periódico La Nación, realizada el 9 de noviembre del 2003, comenta: “(…) parte del planteamiento que estoy haciendo es dar a muchos músicos jóvenes la oportunidad de formarse con un repertorio nacional y universal”. Más adelante, agrega: “(…) históricamente, la Sinfónica Municipal de Heredia ha tocado mucha música costarricense. Yo quiero continuar con esta tradición, la de dar a conocer a los propios ticos mucha música que se desconoce”.

En las palabras de Mora se perfila lo que es actualmente (10 años después) la estructura de la Orquesta Sinfónica de Heredia: una orquesta de jóvenes músicos que se inserta al medio musical costarricense proponiendo al público un desconocido repertorio latinoamericano y contemporáneo.

El último disco de la Orquesta se titula Heredia y se presenta como un regalo a la comunidad. En este se manifiesta lo que fue y es la música costarricense, sus tradiciones y músicos. Además, encontramos a dos compositores que nos son costarricenses, el colombiano Luis Carlos Figueroa y el ruso Vladislav Soyfer, quienes poseen una relación estrecha con el quehacer de nuestro país.

La Marcha Heredia (one step) y el tango Clemencia, piezas escritas por Julio Fonseca (1885-1950) en 1927, recrean el ambiente de un país a los inicios del siglo pasado. Es curiosa la leyenda, de letra y puño de Julio Fonseca, presente en la partitura: “Para la Orquesta Herediana obsequio esta copia que fue y es un homenaje a la simpática, alegre y musical ciudad de Heredia”, de la cual se revela la existencia de una orquesta herediana en 1927.

En dos obras de este disco aparece el nombre de Vladislav Soyfer (1961) como arreglista. Vladislav Soyfer es compositor de música sinfónica, coral y de cámara, nacido en la ciudad de Kharkov, antigua URSS, quien desde el año 2007 vive en Costa Rica y trabaja, desde el 2012, con la Orquesta Sinfónica de Heredia.

La composición Vuelo supremo, también, nos trae varios nombres significativos para Costa Rica: el compositor Félix Mata, el poeta Julián Marchena y, finalmente, Benjamín Gutiérrez, quién realizó la adaptación para orquesta.

La obra Cuatro estampas para dos guitarras y cuerdas de Edín Solís (1963) es una de las primeras composiciones del autor pensada para el ámbito de la música académica. “Mi música se deriva del lenguaje popular” aclara en una entrevista el música del afamado ensamble costarricense Editus. La aparición de las Cuatro estampas, según Solís, se debe el “(…) encanto de la pintura tropical y evocadora de Max Jiménez: sus tres óleos Mujer en la ventana, Celeste, Fuego eterno y un grabado del libro Revenar”.

Asimismo, el Concierto para piano y orquesta del colombiano Luis Carlos Figueroa (1923) entabla una relación cercana con Costa Rica por medio del pianista Manuel Matarrita, solista en el presente disco, quien le ha dado una importante difusión.

Y ya que estamos en el ámbito de la plástica, es necesario nombrar junto a los creadores musicales de esta compilación al artista herediano Adrián Arguedas, quien con sus obras ilustra el pasaje cultural, cuya temática está ligada con la provincia herediana, pues encarna las fiestas del pueblo, las mascaradas y las fiestas patronales.

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Ekaterina Chatski

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«Tiempos»  Cuarta producción discográfica de la OSH

«Tiempos» Cuarta producción discográfica de la OSH

El vocablo Tiempos contiene muchos significados, procedentes del lexicón general de la lengua, sin mencionar sus múltiples conceptos musicales. En el presente uso, por Tiempos se entienden las épocas y los contextos de los ciclos de la vida. Por ello mismo, los artistas que están presentes en este disco compacto, viven en un determinado periodo y lo manifiestan por medio de su quehacer cotidiano y su obra musical.

Las composiciones musicales nos sitúan en un único espacio geográfico, Costa Rica, presentándolo durante varias épocas musicales: desde el Concierto para piano y orquesta del año 1944, a la Pavana del año 1961, hasta el Canto ahogado del años 2012, y terminando el recorrido por los hitos musicales con las obras De la Sabiduría del Rey Salomón y Caminos de piedra, ambas del año 2013.

El Concierto para piano y orquesta, de Carlos Enrique Vargas (1919-1998), fue escrito en tiempos de juventud, a los 25 años, apenas a su regreso después de estudiar en Italia. Este concierto es el primero en su género en la música costarricense. Sus características musicales manifiestan el mundo sonoro de aquella época, que se expresa por medio del uso de la tonalidad, combinándola con algunas sonoridades consideradas exóticas. El neorromanticismo y el empleo de las formas antiguas, tales como la Pasacaglia del tercer movimiento, nos ponen frente al carácter del compositor, quien era maestro formidable y gran conocedor del repertorio clásico, cuya pasión se manifiesta en sus numerosos arreglos musicales realizados para sus alumnos.

La Pavana, de Benjamín Gutiérrez (1937), escrita por el compositor durante su época estudiantil en Estados Unidos, muestra de forma transparente el mundo interno del entonces joven música, que se define a sí mismo como un romántico de nacimiento. La Pavana, concebida como la ofrenda fúnebre a una niña, es análoga a los prototipos musicales de compositores de épocas anteriores, tales como, Maurice Ravel y Gabriel Fauré.

Carlos Castro (1963) concibe su pieza Canto ahogado en dos partes: Capricho y Fuga. Estas se unen por un sujeto melódico que toma su origen de un bolero que tiene, según las palabras del compositor, un carácter romántico y dramático. Su obra, comenta Castro, presenta varias dualidades muy propias de nuestro tiempo: “Una de estas es el sujeto melódico con carácter romántico que podría pertenecer a una obra del siglo XIX o a un bolero de nuestros tiempos. El segundo elemento dual consiste en que , aunque la obra está escrita en el año 2012, en su carácter se acerca a las bandas sonoras de las películas en blanco y negro de los años cincuenta. Un tercer elemento, es que el bolero, perteneciente a la música popular, se inserta a una forma clásica por excelencia: la fuga”, comenta el compositor.

Carlos Castro nos abre las puertas a un evento que se ha repetido a los largo de la historia, al responder la invitación de la OSH: la mutua participación del compositor y los intérpretes en la creación del nuevo patrimonio cultural de su país.

Marvin Camacho (1966), por su parte, titula su obra sinfónica Dela Sabiduría del Rey Salomón como un Salmo. En su obra se evidencia el tema personaje de Judea, el hijo David, el Rey Salomón, quien, según los textos bíblicos, termina construyendo el templo. NO obstante, el compositor no está narrando o recreando dicha historia, sino que, trae en sonidos musicales, de una forma simbólica, un homenaje a la sabiduría como tal. Al igual que Carlos Castro, Camacho, escribe dicha obra como una comisión de la Orquesta Sinfónica de Heredia.

Eddie Mora (1965), por su lado, quien es el director titular de la Orquesta Sinfónica de Heredia, también nos entrega su obra en este disco, ofreciendo uno de los ya tradicionales conceptos para nuestro tiempo y para América Latina: la figura de director- compositor. Su obra titulada Caminos de piedra, está inspirada en el recién publicado libro, Una historia escrita en piedra: los petrograbados de Guayabo de Turrialba, de varias autoras y editado por la EUCR. EL compositor traspasa esta historia esculpida en piedra a una historia sonora. Esta descripción por medio del sonido excita nuestra fantasía, transformando el símbolo que se parece a una espiral en forma de letra S, en un mapa de la vida: tal vez de una persona, quizá de un pueblo, de una sociedad o de un país. Y sin abandonar dicha fuente de inspiración, la última obra del disco . Caminos de piedra, une simbólicamente por medio de un petrograbado (todavía sin explicación por los científicos de nuestro tiempo), las épocas musicales presentes en un espacio geográfico: Costa Rica.

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Ekaterina Chatski

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«Rompiendo Moldes»  Tercera producción discográfica de la OSH

«Rompiendo Moldes» Tercera producción discográfica de la OSH

El tercer disco compacto de la Orquesta Sinfónica de Heredia (OSH), titulado Rompiendo moldes, se distingue no solamente por su nombre, sino por lo que se encuentra detrás de este, que es importante entender en su sentido más directo. Es decir, asistimos al rompimiento de los clichés, que se percibe como ruptura de ideas muy repetidas, cuya acción de fractura trae consigo nuevos cambios, que aparecen y sin necesarias en el ya formado nuevo contexto histórico del país. Sobre este, el contexto, empezaremos nuestra introducción.

El disco fue grabado en las Temporadas 2012 y 2013, cuando la OSH y su Director Titular, Eddie Mora, empezaron a romper conscientemente las tradiciones de selección de un repertorio sinfónico para conciertos de temporada, a pesar de las opiniones adversas de la crítica local. Con argumentos de peso, se logró persuadir a la opinión pública acerca de la necesidad de romper con el consabido cliché: la consuetudinaria interpretación de obras universales, sin dar el justo valor a las composiciones de carácter regional y local.

En esta dirección, en el repertorio de las Temporadas 2011 y 2012 sucedieron cambios significativos, ya que la mitad de las obras interpretadas en los conciertos fueron escritas por compositores latinoamericanos. Muchas de estas forman parte de los tres discos compactos: el primero, Caminos, lanzado a finales de 2011; el segundo, Retratos, editado a principios del año 2013; y el presente, titulado con acierto, Rompiendo moldes.

Sin embargo, esta circunstancia no solamente es significativa en relación con el nombre del disco, sino también, la atmósfera que domina en su espacio sonoro, que contiene valiosos ejemplos musicales de los cambios y transformaciones sucedidos durante el siglo XX y lo que va del presente.

Uno de los factores que señala el rompimiento de las tradiciones es la grabación de obras escritas en las primeras dos décadas del siglo XXI, desde los autores más venerados como el boliviano Alberto Villalpando, nacido en el año 1940, hasta el joven compositor de apenas veintiséis años de edad, Andrés Soto, por ejemplo.

En cada una de las obras del disco resalta una óptica definida y un fundamento conceptual por parte de cada compositor desde su mundo sonoro.

Escuchando y comparando entre sí dos obras de los compositores de América del Sur, podemos dar cuenta de lo anterior. En el Concierto para violín y orquesta de cámara (2011), del boliviano Alberto Villalpando, el compositor se aproxima al material música por medio de la geografía sonora de su país, dando un rol principal al violín que parece un caminante solitario por las llanuras inhóspitas y desapacibles, soportando condiciones climáticas hostiles.

La obra Solstitium (2012), de la compositora venezolana Diana Arismendi (1962), por su parte, reproduce con vivo reflejo la vivencia de la artista, que asiste al antiguo ritual Inti Raymi de tribus andinas, en el valle de Quito: “Estás en el centro del mundo y es el día del solsticio de verano, que da comienzo al verano en el hemisferio Norte y al invierno en el Sur. En una explosión de colores, música y tradición en la que la Tierra ofrece el “Rey Sol” todos sus frutos al final de uno de los ciclos de cosecha: maíz amarillo y morado, frutas, legumbres, granos – y la emblemática hoja de coca -; el Sol, radiante y puntual, apareció a las doce del mediodía, desafiando un día nublado y lluvioso, y desapareció progresivamente. El canto de un pájaro que acompañó, infatigablemente, en una visita también reciente a la ciudad de Lima, se me impuso en la expresión de la flauta y el clarinete que revelan, a su manera, el carácter de la prodigiosa y fascinante región andina”, refiere Arismendi.

Solstitium está dirigida en este disco por el compositor Alfredo Rugeles, quien visitó Costa Rica en setiembre del año 2012 en calidad de director invitado de la temporada de la OSH.

En la Suite Amighetti (2003), el compositor costarricense Eddie Mora (1965) interpreta mediante sonidos musicales los grabados y escritos del artista plástico Francisco Amighetti (1907-1998), donde aparecen las imágenes de la hora más oscura antes del amanecer, otras del diablo persiguiendo a un niño, o la procesión de Semana Santa.

Y finalmente, la obra que cierra el presente disco es El susurro de una brisa (2012), que pertenece al joven compositor Andrés Soto (1986), quien estudió y vive actualmente en la ciudad de Nueva York. Esta pieza presenta otro cuadro musical: una historia evangélica que se transmite con medios musicales cercanos al mundo del cine. Esto no es fortuito, porque el compositor vive y trabaja en el ambiente de las sonoridades cinematográficas.

No sería objeto de perdón olvidar una obra emblemática reproducida en la carátula del disco, cuyo creador es el artista plástico José Miguel Rojas (1959) que, literalmente hablando, rompe moldes: “rompe” un disco perteneciente a una reconocida casa discográfica, ya que en palabras del artista: “Los LP, cassetes y VHS dentro de poco verán su muerte. Serían sustituidos con la aparición del CD y la nueva tecnología”. Su sentido ubicable en 1988 (año de aparición de dicho cuadro), también se puede relaciones con nuestro tiempo, en el que la tecnología sigue su vertiginosa senda de innovaciones en relación asimétrica con las modificaciones lentas de nuestro pensamiento.

De esta manera, el disco Rompiendo moldes es un vivo ejemplo de los primeros rompimientos de ciertas tradiciones musicales en Costa Rica, que no termina con el lanzamiento de los tres discos, sino que continúa en la actividad concertista de la OSH que adquiere un sentido anticolonial, tan importante para esta parte del mundo; que se muestra por medio de la ejecución solamente de obras de compositores latinoamericanos en todos los conciertos de la Temporada 2013.

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Ekaterina Chatski

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Retratos  Segunda Producción discográfica de la OSH.

Retratos Segunda Producción discográfica de la OSH.

Manuel de Elías dirige a Manuel de Elías.

El compositor y director orquestal mexicano, Manuel de Elías, quien hace poco visitó a Costa Rica, dejó una impresión admirable como músico y como persona. Su huella personal se percibe con claridad en la variedad sonora de su composición grabada en el presente disco. Su Sonante n.° 7 (1974) forma parte de once obras que llevan el mismo nombre, cuya mayoría están compuestas para orquesta sinfónica, mientras que otras están escritas con variantes instrumentales: para piano, para quinteto de cuerdas u orquesta de cuerdas y, también, para coro y orquesta.

Cabe resaltar, que los títulos Sonante provienen del vocablo “sonar”, que propone al compositor variadas combinaciones sonoras, con las cuales experimenta en su partitura.

Entre el material sonoro del Sonante n.° 7 sobresalen las estructuras homogéneas de carácter ondulado que se acercan al sonido de un órgano tubular (este instrumento acompañaba al compositor desde su niñez cuando presenciaba los ensayos de su padre en las iglesias, antes de misas); la diferencia de registros sonoros entre las voces graves y armónicos de violas y violines; el contraste entre los expresivos saltos melódicos y la transparencia de las texturas impresionistas; y, el uso de clúster en el trémolo de los registros bajos de los instrumentos de cuerdas, que trasmiten sensación de susurros e inquietud.

Pero no solamente los experimentos sonoros se distinguen en esta obra. En esta se percibe la esencia del compositor que él mismo expresa en el siguiente dicho: “No soy homo sapiens, sino homo ludens”. Una de las secciones de la obra que refleja esta naturaleza es el inicio de esta, que se abre con el unísono prolongado de toda la orquesta acercándose a la sonoridad de una obertura propia de la ópera italiana. Sin embargo, es simplemente apariencia, que se descompone en el devenir del tiempo.

Alberto Villalpando. Mística n.° 5 para clarinete, corno, fagot, violín, viola, violonchelo y contrabajo.

En una conferencia ofrecida en el mes setiembre del 2011, en Medellín, Colombia, el compositor boliviano, Alberto Villalpando, contaba sobre su experiencia vivida a su regreso a Bolivia en el año 1965, después de estudiar en el Instituto Torcuato di Tella. La educación vanguardista que recibió bajo la dirección de Alberto Ginastera, en Argentina, contrastaba con las prácticas musicales bolivianas basadas en los programas decimonónicos de estudios musicales.

La situación que se le presentó a su regreso, lo puso a pensar en cómo escribir la música para un público inexperto, sin traicionarse a sí mismo. En este camino tortuoso, le ayudó su trabajo como compositor para el cinematógrafo, que le motivó a realizar muchos viajes por todo el país. El conocimiento de su tierra natal, también le habría de proporcionar una nueva concepción hacia la música, que el mismo compositor refiere de esta manera: “la descripción de la geografía andina por medio de sonidos musicales, aquella que no es paisajista, sino que propone diferentes estados de ánimo”. En Mística n.° 5, interpretada en este disco, escrita diez años más tarde de su regreso a Bolivia, en 1975, se presenta un intérprete con un instrumento llamado quenacho, de origen aimara o quechua, perteneciente a la familia de la quenas. En la obra, dicho sea de paso, este rol es encargado al clarinete solo, que vibra con el destructivo y agresivo viento que sopla en el altiplano muy hostil, seco y sin vegetación (estos papeles de la naturaleza andina son ejecutados por los restantes instrumentos del ensamble).

Blas Atehortúa. Concertino para orquesta juvenil op.102

Polifacético y prolífico compositor colombiano, quien en el año 1981 dictó un curso de composición en Costa Rica, dejando gratas y perdurables impresiones entre los compositores jóvenes de aquel tiempo. Pero la llegada de Atehortúa no solamente impresionó, sino que proporcionó un documento musical que está grabado en el presente disco, su Concertino para orquesta juvenil Op.102, que fue dedicado a la Orquesta Sinfónica Juvenil de Costa Rica con las siguientes palabras: “A la orquesta Sinfónica Juvenil de Costa Rica, en un día que considero magno en nuestra historia musical hispanoamericana al concluir nuestro Primer Taller-Seminario de Composición, Proyecto CIDESIN de OEA. En mi más sincero y profundo reconocimiento a los maestros AGUSTIN CULLEL y GERALD BROWN, mis amigos”. Atte, Blas Atehortúa. San José, Costa Rica, Abril 25/81”.

Dicha obra, escrita para orquesta juvenil habla por ella misma.

Está escrita en tres movimientos, cuyo primero es más atrevido que los otros, en el que propone el sumergimiento en estructuras musicales disonantes y en la técnica aleatoria. El segundo y tercer movimientos son de carácter didáctico, donde revela no solamente la ingente dedicación, sino el encargo (obra compuesta por encargo de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Costa Rica). Así las cosas, su segundo movimiento es Passacaglia, escrita en una forma musical Tema con variaciones; y el tercer movimiento es Rondó-Ostinato, compuesto con la utilización de esta antigua estructura musical.

Berny Siles.Siete palabras de Cristo en la cruz

Berny Siles se destaca en el ámbito artístico costarricense como un compositor que utiliza con frecuencia los temas religiosos en su creación musical. Entre sus obras se encuentran Misa de Réquiem (ganadora del Premio Aquileo Echeverría), Misa Brevis, Misa de San Lucas, Misa de Navidad, además de Letanías y tres Antífonas.

La obra Siete palabras de Cristo en la cruz (2012) fue escrita por encargo de la Orquesta Sinfónica de Heredia para el concierto de Semana Santa. En esta composición, Siles optó por el empleo del texto religioso en la voz del barítono, escribiendo las siete palabras en idioma hebreo y no como se emplea tradicionalmente, en latín; con la excepción de la cuarta palabra que usualmente se canta en hebreo: “Elí, Elí…”. Precisamente, después de pronunciar esta cuarta palabra: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, el compositor usa una cita que pertenece a Eddie Mora, que se encuentra en su tercer cuarteto.

La selección de esta cita no es fortuita en la obra de Siles. Su aparición es simbólica, en el sentido de que en el cuarteto de Mora, dedicado al prócer de la patria Juan Rafael Mora Porras, dicho fragmento representa el “tema de la duda”. No obstante, el desasosiego de un personaje terrenal muda su significado en la obra de Siles, transformándose en la duda de una deidad.

Eddie Mora dirige a Eddie Mora

Una de las características principales del director titular de la Orquesta Sinfónica de Heredia, en su calidad de compositor, es probar las sonoridades de diferentes ensambles, experimentar con las texturas sonoras, para así lograr una original paleta de colores instrumentales. Así sucede en la obra Ye Sulé II, escrita para ensamble de vientos, piano, arpa y percusión, en la que utiliza la cita de un canto femenino de la población bribri. La misma melodía fue el punto de inspiración para otras obras del compositor: Sula’, para viola, piano obligado, orquesta de cuerdas y percusión; así como, para ¿Quién amanece?, obra para flautín, ocarina y orquesta de cuerdas; y, por último, también en Ye Sulé I, para piano.

La idea primordial de la cita está dirigida hacia la Originadora, es decir, la diosa bribri, a quien la cantora le entrega su destino. Por su parte, el compositor emplea esta cita en la parte central de la obra en las voces gélidas de los instrumentos de percusión, tales como el carillón y los crótalos, los cuales ubican a los escuchas en el mundo encantado de la selva tropical. Los timbres álgidos preceden y continúan por otras voces instrumentales que ornamentan y complementan esta mágica historia.

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Ekaterina Chatski

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Caminos. Primera producción discográfica de la Orquesta Sinfónica de Heredia

Caminos. Primera producción discográfica de la Orquesta Sinfónica de Heredia

Cuatro caminos cuyas trayectorias se entretejen durante la audición del nuevo disco de la Orquesta Sinfónica de Heredia, están trazando sus rutas imaginarias. Así como en un mapa geográfico se ingenian líneas y símbolos para guiar al transeúnte, en esta ocasión, deseamos encaminar al escucha a una meta determinada ¿Cómo es esa travesía sonora?, ¿hacia dónde nos dirige este disco y cuál es su finalidad?

El primer camino presenta el mundo sonoro de Costa Rica. Este se entrecruza con una segunda vía: la historia del país. Posteriormente, recorremos la creación del repertorio sinfónico de los compositores costarricenses desde hace sesenta años hasta nuestros tiempos, enlazándose con otra senda compuesta por varias obras escritas y dedicadas a la Orquesta de Heredia.

Nuestro viaje sonoro por el mapa musical de Costa Rica se abre con Evocación, obra de la pluma creativa de Benjamín Gutiérrez (1937), aparece primeramente como Improvisación en el año 1961. Gutiérrez compone esta obra durante sus estudios profesionales en los Estados Unidos. Dos décadas más tarde, el compositor modifica la partitura para orquesta sinfónica, cambiándole el nombre a Evocación, y dedicándosela a German Alvarado, el primer director de la Orquesta de Heredia, con una nota en la partitura: “Al Mtro. German Alvarado con afecto. 28/ VIII / 1980”. De esta manera, al repertorio sinfónico de Costa Rica se le suma una obra más, cuya creación evidencia una conexión histórica entre Gutiérrez y la Orquesta de Heredia, donde además el compositor ejecutaba la viola.

La historia que rodea la creación de Danza de la pena negra, también de Gutiérrez, se desarrolla por otra vía, la cual se relaciona con un homenaje a los acontecimientos vinculados a la trágica muerte del poeta español Federico García Lorca, cincuenta años antes de la creación de la obra musical. Danza de la Pena Negra forma parte del espectáculo Paz y sombra de Federico García Lorca, del año 1986, y encarna, según palabras del compositor, “a la gitana, Soledad Montoya, personaje que es frecuentemente citado por Federico García Lorca en su Romancero Gitano”. A pesar de que la pieza musical caracteriza a un personaje gitano, los elementos musicales utilizados, como la polirrítmia (alternancia de métricas binarias y ternarias) y la utilización de la modalidad nos transportan a la atmósfera sonora de la música latinoamericana.

Los dos últimos años de la vida concertante de la Orquesta Sinfónica de Heredia (2010 y 2011) se enriquecen con el nuevo repertorio sinfónico, gracias a la visión cultural de esta entidad artística, cuyos esfuerzos tienden al redescubrimiento de obras de décadas pasadas, junto con la interpretación de composiciones latinoamericanas de nuestro tiempo. Las cinco últimas obras del disco son evidencias fehacientes de dicho propósito.

¿Quién amanece? y Sula´, de Eddie Mora (1965), director titular de la orquesta, son creadas sobre una misma fuente: el canto poético de una indígena bribri. Dicho canto relata el papel femenino en la vida cotidiana de su pueblo. En estas obras, el compositor responde con medios musicales a una nueva lectura histórica distinta de su país, en donde se resalta la diversidad de poblaciones, cada una con su propia cultura. Al escoger la cita (el canto indígena y su texto poético), los instrumentos (ocarina, flautín, una gama de instrumentos de percusión) y la abundante orquestación en colores instrumentales, Mora expresa la descolonización con un discurso propio patente.

En las obras Zachic 5 y Binni Záa, de Alejandro Cardona (1959), aparece el mundo musical de Mesoamérica. Zachic 5, cuyo título viene del nombre maya para el zenzontle (o sinsonte, en castellano) que significa ´pájaro de cien voces´, hace referencia a la teoría de que algunas músicas del pueblo Maya-Quiché (Guatemala) se basan en sus cantos. Así, Cardona explora metafóricamente la relación, inicialmente imitativa y luego compenetrada, entre cultura y naturaleza, que tiene diversos tratamientos musicales a lo largo de la obra. Además, según el compositor, se trata se “un llamado a que la cultura humana no destruya su entorno natural, a que cultura y natura puedan seguir subsistiendo juntos en equilibrio”, cosa que se deja entrever con los títulos de los movimientos. Por su parte, en Binni Záa (que significa ´gente de las nubes´, el nombre que los zapotecas –de Oaxaca, México– se dan a sí mismos), el compositor se ha inspirado en un fragmento del poema homónimo del istmeño Macario Matus:

Toda oscuridad era cuando nacieron los zapotecas.
Brotaron de los viejos árboles,
como la ceiba, del vientre de las fieras nacieron,
como el tigre, el lagarto

Esta obra, según el compositor, “es un homenaje a los ‘piteros’ de Juchitán y de San Mateo del Mar, y a las bandas de vientos del Istmo de Tehuantepec en Oaxaca, que escuché en el marco de las fiestas populares de mayordomía, llamadas “velas”, invitado por mis primos juchitecos de la familia Pineda.” Esta música istmeña, dice Cardona, tuvo una gran influencia en su propia música, no sólo a través de la trasformación de sus particulares sonoridades al interior de un lenguaje personal, sino adaptando ciertos aspectos de su manifestación formal, que representa un tránsito metafórico de carácter circular: natura (sonoridades “sueltas” sin articulación rítmica) – cultura (danza: lo rítmico, propiamente humano) – natura. Asimismo, ambas composiciones de Cardona trascienden temáticamente los límites del territorio de Costa Rica, aumentándolo y enlazándolo con culturas mesoamericanas. También, Binni Záa es una de las obras del disco que fue dedicada a la Orquesta Sinfónica de Heredia.

En la producción de De Profundis (De lo profundo), cuyo autor es Marvin Camacho (1966), influyeron las creaciones del poeta costarricense Jorge Debravo y del filósofo de la Edad Media, San Agustín de Hipona. La expresividad del lenguaje literario de ambos creadores se presenta con dos atmósferas musicales en las que se manifiesta, también, una síntesis del camino creativo de Camacho.

Por último, la obra de Carlos Enrique Vargas (1919 – 1998) fue compuesta en el año 1961 para la obra teatral Antígona, del filósofo griego Sófocles.

En Antígona, la universalidad del tema de la tragedia griega (las leyes humanas que contradicen a las leyes divinas) es inherente a los ideales de la entonces joven Universidad de Costa Rica, por medio de la cual fue realizada la puesta en escena de dicha tragedia.

A pesar de que en esa época Vargas dirige el coro y la orquesta de cámara de la Universidad, treinta años después recompone la partitura para orquesta sinfónica, convirtiéndola en una suite orquestal.

Los títulos de los movimientos de dicha suite presentan a los personajes principales de la tragedia, para cuya descripción Vargas utiliza elementos del lenguaje musical comunes de la época modernista, muy característicos para la mayoría de las obras sinfónicas costarricenses de la primera mitad del siglo XX (tanto de la autoría de Vargas, como de otros compositores). Entre tales elementos se encuentra el uso de las escalas exóticas, el empleo de sonoridades con base en el tritono, la politonalidad, la utilización de figuras retórico-musicales (las cuales dependen generalmente de la acción teatral) como son el unísono orquestal en el párodo [la entrada del coro en una tragedia griega]; las fanfarrias, que describen el carácter cruel del rey Creonte; figuras en ostinato, que se refieren a la rebeldía de Antígona; y la marcha fúnebre, que relata el final trágico de la pieza teatral.

Antes de concluir las anotaciones de este disco, recordemos las preguntas iniciales: ¿hacia dónde nos dirige esta producción y cuál es su finalidad?

La respuesta radica en la propuesta sonora, la cual presenta un camino que recorre la historia musical del país. Este viaje se entrecruza con la aparición del repertorio sinfónico, en parte, gracias a los esfuerzos de la Orquesta Sinfónica de Heredia. La odisea sonora del disco muestran una particularidad costarricense: en la diversidad musical de todas las obras propuestas se (re)descubre la unidad del espacio sonoro de nuestro país.

Nota escrita por:

Ekaterina Chatski

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