Tercera nominación de Eddie Mora al Latin Grammy

Tercera nominación de Eddie Mora al Latin Grammy

Eddie Mora recibe su tercera nominación al Latin GRAMMY®

La Orquesta Sinfónica de Heredia (OSH) y la Asociación Sinfónica de Heredia (ASH) se enorgullecen de anunciar que nuestro Director Titular, Maestro Eddie Mora Bermúdez ha sido nominado por tercera ocasión a la premiación más importante de la música, el Latin GRAMMY® 2018 en la categoría de Mejor Obra Clásica Contemporánea por su obra OFRENDA interpretada por la Orquesta Sinfónica de Heredia (OSH) bajo su dirección y que forma parte nuestra más reciente producción discográfica ECOS DEL SILENCIO.
El maestro Mora se ha caracterizado por ser un visionario, con una propuesta vanguardista y refrescante dentro de la música clásica contemporánea tanto como director como compositor y su rigurosa disciplina y excelencia han quedado plasmadas en varios proyectos que han dado a Costa Rica un lugar importante dentro de la música clásica contemporánea a nivel internacional.
El Latin GRAMMY® en su edición número 19 se celebrará el día 15 de noviembre en la ciudad de Las Vegas, Nevada donde se anunciarán los ganadores de cada categoría.

Escuche la obra OFRENDA en los siguientes enlaces

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http://sinfonicadeheredia.com/ecos-del-silencio-2017/

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El sonido es un objeto social.

El sonido es un objeto social.

El sonido es un objeto social.

Por: José Manuel Rojas G.

Tienen que pasar algunos días para “digerir” un concierto de la Orquesta Sinfónica de Heredia. Sobre todo, dentro de la coyuntura en la cual nos encontramos desde el punto de vista del “espectáculo” dentro de la práctica de la música clásica local.
Un espectáculo o ritual repetitivo con los mismos repertorios canónicos, y además la desaparición del repertorio de compositores costarricenses y latinoamericanos. Este no es el habitus estético – musical de la OSH. Es otro, y además renovador, como en el III concierto dentro de su temporada del 2018, Latitudes Sonoras.
No es fácil, en un medio como el costarricense, y siendo integrante de otra orquesta sinfónica local, asistir al concierto de otra orquesta, probablemente porque la mayoría de las veces choca una actividad con la otra o porque se percibe, dentro de la producción de subjetividad, que a la o al músico de “otra” orquesta no le interesa lo que los demás hacen, sino solamente lo que se realiza en el lugar donde está su cuerpo y su actividad.
De todas formas, lo que se desea es que la “critica de música” se convierta en verdadera y real por el hecho de que existan varias opiniones y no solo una, o esté envuelta dentro de un discurso único disfuncional: por lo tanto, existe una crítica de música cuando existe una manera polifónica de hacerlo. La OSH ha generado esta característica también. Se merece que sus conciertos sean comentados o se manifieste alguien por el trabajo valioso que está produciendo cada vez más. Este papel o rol nos ha tocado a los mismos músicos realizarlo. Además, no es sano “desmemorizar” lo que hacemos.
¿Qué pasó en este concierto en el Teatro Nacional, sin concha acústica una vez más? Lo valioso y sonoro del repertorio presentado se esfuma en un buen porcentaje y no es justo que el público que asiste a estos buenos conciertos se siga “acostumbrando” a escuchar (u oír) la música a medias.
La OSH es una fábrica que está produciendo buenos productos dentro del mundo de la cultura industrial en la cual estamos inmersos, y parte del repertorio presentado fue ese: como la música le da una lectura al concepto de fábrica, industria, de repetición, de ritmo, de textura, de golpe, de martilleo, etc. Cada vez que se escucha a la OSH, en cada obra que ejecuta, se le nota una articulación detallada y específica del sonido. Cada composición se convierte en un laboratorio para resolver la propuesta del compositor, en este caso, de una obra sinfónica.
El trabajo de síntesis y resumen fue otra de las características de este evento: darle a conocer al público obras de gran formato sinfónico reducidas a un conjunto de nueve o diez músicos, logrando los mismos objetivos de la obra original.
Un homenaje muy merecido, en el centenario de su fallecimiento, a Claude Debussy, homenaje que no se percibe evidente dentro de la práctica de la música “clásica” local y los repertorios del 2018. Acertado fue ofrecer una obra del compositor francés, pero con la particularidad de la adaptación de Arnold Schönberg, obra que se ejecutó por primera vez en Costa Rica en este concierto.
No hay que dejar a un lado la excelente participación del violista, Maestro Brett Deubner, cuya intervención generó expectativas interesantes al colocarse como solista de un instrumento de cuerdas con un conjunto de vientos y cuya mixtura, por primera vez también en Costa Rica, solo buenas satisfacciones nos dejaron al público asistente.
Ahí va la OSH, como la máquina de ferrocarril Pacific 231, sin detenerse, con todo su peso y velocidad sonora, produciendo conocimiento, bajo la dirección musical y artística del Maestro Eddie Mora.
Sábado 24 de marzo del 2018. Teatro Nacional.
Director Titular: Eddie Mora.
  • Yuri Kasparov (1955 – Rusia) Homenaje a Honegger para nueve músicos (Estreno Nacional).
  • Claude Debussy (1862 – 1918 – Francia), La siesta de un fauno (adaptación de Arnold Schönberg – Estreno nacional).
  • Houston Dunleavy (Australia), A kiss before the world´s end para viola y ensamble de vientos (Estreno nacional). Solista, Violista Brett Deubner
  • Vladimir Deshevov (1889 – 1955 – Rusia), Rieles (1927, adaptación de A. Khubeev – Rusia- Estreno nacional).
  • Alexander Mosolov (1900 – 1973 – Rusia), La fábrica (1927 – adaptación de A. Khubeev – Rusia – Estreno nacional).
  • Arthur Honegger (1892 – 1955 – Suiza), Pacific 231 (1927 – adaptación de A. Khubeev para la OSH – Rusia – Estreno mundial).
«Voces» La sexta producción discográfica de la OSH

«Voces» La sexta producción discográfica de la OSH

El error de brújula de Colón y su resistencia a romper los esquemas de la simetría trina, pensar que podía haber un cuarto mundo, crearon el primer problema de identidad. Reconocidas las nuevas tierras como Indias, los conquistadores que siguieron al navegante obligaron a los naturales a llamarse indios. Así dejaron de ser abipón, aimara, apache, araucano, auca, azteca, bajá, boruca, botocudo, ciaguá, calchaquí, calchin, calpul, caluma, camahua, canaco, caracará, caracas, carajá, carapachay, carapacho, cariaco, caribe, cario, cataubas, cayapa, cayapo, cayeté, chaima, charca, charruá, chibcha, chichimeco, chontal, chuchumeco, chuncho, cocama, comenche, coronda, gandul, guaraní, iroqués, mapuche, maya, omagua, orejón, párparo, patagón, payagua, puelche, quechua, querando, quiché, quichuá, siux, taino, tamanaco, tapuya, tolteca, tupi o yumbo. Así perdieron su identidad cultural y tribal, identificándose con el bárbaro: mismo nombre, mismo rostro, misma barbarie” (Miguel Rojas Mix, Los cien nombres de América).

La mayoría de las palabras que identifican a los pueblos de este continente como grupos culturales y étnicos heterogéneos, expuestas en la cita de M. Rojas Mix, ni siquiera aparecen en el diccionario ni, mucho menos, en los procesadores de texto. Word, por ejemplo, no las reconoce y las subraya con color rojo.

Es así como, mediante diversos procesos de cooptación, las historias de los pueblos, sus voces e incluso su misma existencia han sido silenciadas e invisibilizadas históricamente.

Precisamente, a partir de este contexto y enmarcado en el proyecto descolonizador que ha emprendido la Orquesta Sinfónica de Heredia, surge el disco Voces. En él se vinculan las voces ocultas, estas voces silenciadas que la OSH quiere visibilizar.

Cinco compositores, cinco voces diferentes nos cuentan sus propias historias: historias únicas. Aquí le damos la palabra a cada uno de ellos, al camino trazado por los creadores de esta parte del mundo: América.

En Plegaria para cuarteto de cuerdas solista, cuerdas y percusión (2014), surgen varias voces, aparecen diferentes expresiones de actores-músicos. Entre ellos, la voz del compositor, Eddie Mora, manifiesta su mundo interno. Mora expone que:

Hay cuatro peticiones de los solistas, donde cada instrumento tiene su propio discurso, su propia voz, la cual se prepara para ofrecer una plegaria. La orquesta es una voz más, la voz del otro que actúa como un interlocutor del cuarteto, incorporándose en un diálogo con los solistas”.

Asimismo, el escucha de la obra está convocado como una voz más, la cual dará su propia interpretación del concepto plegaria.

A su vez, en la obra Cantos enterrados, Alejandro Cardona despierta las voces de personajes femeninos “amenazantes y, a la vez, atrayentes que son la perdición de los hombres, como dice La Petenera en sus versiones mexicanas y españolas”. Según el compositor:

Cantos enterrados es una obra inspirada en estos personajes femeninos, y en ciertos sones veracruzanos en los que aparecen: La Petenera, La Lloroncita y La Bruja. Fragmentos de estos sones, todos relacionados con símbolos femeninos acuáticos (sobre todo la sirena), emergen del tejido musical como elementos sobrevivientes de un exilio forzoso o como resonancias de un mundo reprimido y enterrado (pero evocado con una mezcla de fascinación morbosa y espanto)”.

Es así como se evocan diferentes canciones de la tradición popular:

La sirena se embarcó
en un buque de madera
como el viento le faltó
no pudo llegar a tierra
y a medio mar se quedó
cantando la Petenera.

Trío Xicontepec, Veracruz.

La Petenera señores
no hay quien la sepa cantar
solo los marineros
que navegan en la mar
han oído a la sirena
la Petenera cantar.

La Petenera, Huasteca veracruzana.

¡Ay de mí, Llorona
pero déjame llorar!
¡Ay de mí, Llorona
pero déjame llorar,
a ver si llorando puede
mi corazón descansar
a ver si llorando puede
mi corazón descansar!

La lloroncita, Veracruz.

¡Ay, me espantó una mujer
en medio del mar salado,
en medio del mar salado!
¡Ay, me espantó una mujer, ay mamá!
Porque no quería creer
lo que otros me habían contado,
lo de arriba era mujer
y lo de abajo pescado, ¡ay mamá!


La bruja, Veracruz.

Por su parte, la voz de Pablo Chin toma fuerza a partir de dos fuentes. Una de estas es, según el compositor:

La admiración por la obra de Cardona [la composición está dedicada al compositor costarricense Alejandro Cardona] de la que aprendí mucho siendo su estudiante. En mi concierto mucho del material musical se deriva de operaciones aplicadas a la obra para clarinete de Alejandro Canto y danza de los innúmeros abuelos. Aunque la intención no es que se escuche, su música sirvió de punto de partida en la composición del concierto”.

 

La segunda fuente que llena la voz de Chin es de carácter universal. Según él:

El título In the Form of a Shell, que significa “en la forma de una concha”, refleja la colocación no convencional de la orquesta, la cual usa como modelo las proporciones de la concha de Nautilus, cuya espiral se puede dividir en compartimentos cada vez más grandes, a menudo asociados a la proporción áurea. Así, en mi pieza la espiral comienza con la flauta, y a través de formaciones cada vez más numerosas culmina con un ensamble de cuerdas a la izquierda del escenario (visto desde el público). El objetivo es generar espacialidad en el sonido e intensificar la percepción del material musical”.

 

Ahora, regresamos nuevamente a la producción de Eddie Mora. En el texto titulado Ni aquí, ni allá existen varias voces. Una de estas es poderosa y trágica, la voz de la poetisa Marina Tsvetáyeva, quien en un corto poema reconstruye su vida, la cual estuvo inserta en un camino amargo por los sucesos dolientes de Rusia de la primera mitad del siglo XX. La presencia de la artista rusa se encuentra acompañada del compositor costarricense, quien manifiesta que:

La obra mantiene la intención de transmitir el simbolismo de las palabras, en sus tejidos sonoros, valiéndose del potencial expresivo del timbre oculto de los instrumentos musicales y sirviéndose también, en otros momentos, de la movilidad rítmica y la fortaleza del sonido. Un período de tiempo considerable en Rusia, me permitió aproximarme a su gente y a su cultura, a reconocer que en ese país, la palabra, impera. Se carga con una larga y monumental tradición literaria, con la que Tsvetáyeva coexistió. Hoy para nosotros, muchos años después de su trágica y temprana muerte, su palabra no es más que un testimonio de esa vivencia”.

Ni aquí, ni allá
Nuevamente las campanas
cantan la gloria
a las
resplandecientes cruces.
Tiemblo en todo mi ser,
porque entendí:
que estas cantan “y aquí, y allá”.

La sonrisa llama a los labios,
la gloria se está precipitando…
¿Cómo pude equivocarme?
Estas cantan: “No aquí, sino allá”.

Oh, que las campanas
sigan cantando
la gloria
a las cruces resplandecientes
Entendí demasiado claro:
Que no cantan “Ni aquí…, ni allá”.

(Traducción del ruso al español realizada por Ekaterina Chatski).

Posteriormente, encontramos la obra de Marvin Camacho, esta se titula La voz de San Juan. Con este poema sinfónico se cierra el tríptico de poemas compuestos por Camacho. El texto se construye a partir de dos personajes del Nuevo Testamento: Juan Bautista (Agua) y Juan Evangelista (Fuego). Tal y como nos dice el autor:

La presencia de estos personajes intenta producir un equilibrio entre uno y otro, y conduce a la orquesta hacia un tratamiento tímbrico y armónico distinto a lo tradicionalmente planteado en mis otras obras sinfónicas. La voz de San Juan convoca, una vez más, al carácter reflexivo de los dos poemas sinfónicos que le anteceden, con la variante de un planteamiento estético que emplea un concepto místico, el cual reviste a cada uno de los personajes aludidos”.

Por último, la composición de Camacho concluye con la voz femenina que transmite el texto en latín: Dona nobis pacem (Danos paz).

El disco finaliza con la voz de la compositora costarricense Rocío Sanz, quien dedica sus cuatro piezas a la muerte. Canciones de la muerte para soprano y cuerdas es un ciclo escrito en 1983, cuyos textos pertenecen a Rocío Sanz. Las canciones que este incluye son: La muerte espera, La fiera (Muerte inesperada), La muerte prevenida y Arrullo.

Dichas piezas ofrecen algunas características generales: lacónicas en su expresión, su forma musical se acerca a la miniatura musical, son atonales y el texto literario juega un papel importante en la escogencia de los recursos musicales.

La muerte espera
La muerte espera en todos los recodos de la vida,
agazapada fiera, secreta y escondida.

La fiera (Muerte inesperada)
Muerte violenta y súbita, fiera que salta desde su guarida.
La muerte inesperada nos desgarra, las páginas del libro de la vida.

La muerte prevenida
La muerte prevenida, la que se ensaya, aquella que se espera;
la muerte prevenida es tan fuerte que la otra, la otra, es la misma.

Arrullo
El engañoso arrullo de la fiera
es la muerte que a todos
nos espera y canta: ah, ah.

Nota escrita por: 

Ekaterina Chatski

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«Heredia» Quinta producción discográfica de la OSH

«Heredia» Quinta producción discográfica de la OSH

Hace más de 50 años, en 1962, la Orquesta Sinfónica de Heredia empezó su trayectoria musical y se insertó en el ámbito cultural costarricense. A los largo de estos años, varios de los músicos más importantes de Costa Rica colaboraron con la orquesta, entre ellos: German Alvarado (director y fundador), Benjamín Gutiérrez, Walter Field, Julio Mata, Carlos Enrique Vargas y Daniel Zúñiga.

Tras el fallecimiento en el 2003 de German Alvarado, director titular del conjunto, inicia una nueva etapa para la Orquesta Sinfónica de Heredia, esta vez bajo la batuta de Eddie Mora, quien para una entrevista en la Revista Dominical del periódico La Nación, realizada el 9 de noviembre del 2003, comenta: “(…) parte del planteamiento que estoy haciendo es dar a muchos músicos jóvenes la oportunidad de formarse con un repertorio nacional y universal”. Más adelante, agrega: “(…) históricamente, la Sinfónica Municipal de Heredia ha tocado mucha música costarricense. Yo quiero continuar con esta tradición, la de dar a conocer a los propios ticos mucha música que se desconoce”.

En las palabras de Mora se perfila lo que es actualmente (10 años después) la estructura de la Orquesta Sinfónica de Heredia: una orquesta de jóvenes músicos que se inserta al medio musical costarricense proponiendo al público un desconocido repertorio latinoamericano y contemporáneo.

El último disco de la Orquesta se titula Heredia y se presenta como un regalo a la comunidad. En este se manifiesta lo que fue y es la música costarricense, sus tradiciones y músicos. Además, encontramos a dos compositores que nos son costarricenses, el colombiano Luis Carlos Figueroa y el ruso Vladislav Soyfer, quienes poseen una relación estrecha con el quehacer de nuestro país.

La Marcha Heredia (one step) y el tango Clemencia, piezas escritas por Julio Fonseca (1885-1950) en 1927, recrean el ambiente de un país a los inicios del siglo pasado. Es curiosa la leyenda, de letra y puño de Julio Fonseca, presente en la partitura: “Para la Orquesta Herediana obsequio esta copia que fue y es un homenaje a la simpática, alegre y musical ciudad de Heredia”, de la cual se revela la existencia de una orquesta herediana en 1927.

En dos obras de este disco aparece el nombre de Vladislav Soyfer (1961) como arreglista. Vladislav Soyfer es compositor de música sinfónica, coral y de cámara, nacido en la ciudad de Kharkov, antigua URSS, quien desde el año 2007 vive en Costa Rica y trabaja, desde el 2012, con la Orquesta Sinfónica de Heredia.

La composición Vuelo supremo, también, nos trae varios nombres significativos para Costa Rica: el compositor Félix Mata, el poeta Julián Marchena y, finalmente, Benjamín Gutiérrez, quién realizó la adaptación para orquesta.

La obra Cuatro estampas para dos guitarras y cuerdas de Edín Solís (1963) es una de las primeras composiciones del autor pensada para el ámbito de la música académica. “Mi música se deriva del lenguaje popular” aclara en una entrevista el música del afamado ensamble costarricense Editus. La aparición de las Cuatro estampas, según Solís, se debe el “(…) encanto de la pintura tropical y evocadora de Max Jiménez: sus tres óleos Mujer en la ventana, Celeste, Fuego eterno y un grabado del libro Revenar”.

Asimismo, el Concierto para piano y orquesta del colombiano Luis Carlos Figueroa (1923) entabla una relación cercana con Costa Rica por medio del pianista Manuel Matarrita, solista en el presente disco, quien le ha dado una importante difusión.

Y ya que estamos en el ámbito de la plástica, es necesario nombrar junto a los creadores musicales de esta compilación al artista herediano Adrián Arguedas, quien con sus obras ilustra el pasaje cultural, cuya temática está ligada con la provincia herediana, pues encarna las fiestas del pueblo, las mascaradas y las fiestas patronales.

Nota escrita por:

Ekaterina Chatski

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«Tiempos»  Cuarta producción discográfica de la OSH

«Tiempos» Cuarta producción discográfica de la OSH

El vocablo Tiempos contiene muchos significados, procedentes del lexicón general de la lengua, sin mencionar sus múltiples conceptos musicales. En el presente uso, por Tiempos se entienden las épocas y los contextos de los ciclos de la vida. Por ello mismo, los artistas que están presentes en este disco compacto, viven en un determinado periodo y lo manifiestan por medio de su quehacer cotidiano y su obra musical.

Las composiciones musicales nos sitúan en un único espacio geográfico, Costa Rica, presentándolo durante varias épocas musicales: desde el Concierto para piano y orquesta del año 1944, a la Pavana del año 1961, hasta el Canto ahogado del años 2012, y terminando el recorrido por los hitos musicales con las obras De la Sabiduría del Rey Salomón y Caminos de piedra, ambas del año 2013.

El Concierto para piano y orquesta, de Carlos Enrique Vargas (1919-1998), fue escrito en tiempos de juventud, a los 25 años, apenas a su regreso después de estudiar en Italia. Este concierto es el primero en su género en la música costarricense. Sus características musicales manifiestan el mundo sonoro de aquella época, que se expresa por medio del uso de la tonalidad, combinándola con algunas sonoridades consideradas exóticas. El neorromanticismo y el empleo de las formas antiguas, tales como la Pasacaglia del tercer movimiento, nos ponen frente al carácter del compositor, quien era maestro formidable y gran conocedor del repertorio clásico, cuya pasión se manifiesta en sus numerosos arreglos musicales realizados para sus alumnos.

La Pavana, de Benjamín Gutiérrez (1937), escrita por el compositor durante su época estudiantil en Estados Unidos, muestra de forma transparente el mundo interno del entonces joven música, que se define a sí mismo como un romántico de nacimiento. La Pavana, concebida como la ofrenda fúnebre a una niña, es análoga a los prototipos musicales de compositores de épocas anteriores, tales como, Maurice Ravel y Gabriel Fauré.

Carlos Castro (1963) concibe su pieza Canto ahogado en dos partes: Capricho y Fuga. Estas se unen por un sujeto melódico que toma su origen de un bolero que tiene, según las palabras del compositor, un carácter romántico y dramático. Su obra, comenta Castro, presenta varias dualidades muy propias de nuestro tiempo: “Una de estas es el sujeto melódico con carácter romántico que podría pertenecer a una obra del siglo XIX o a un bolero de nuestros tiempos. El segundo elemento dual consiste en que , aunque la obra está escrita en el año 2012, en su carácter se acerca a las bandas sonoras de las películas en blanco y negro de los años cincuenta. Un tercer elemento, es que el bolero, perteneciente a la música popular, se inserta a una forma clásica por excelencia: la fuga”, comenta el compositor.

Carlos Castro nos abre las puertas a un evento que se ha repetido a los largo de la historia, al responder la invitación de la OSH: la mutua participación del compositor y los intérpretes en la creación del nuevo patrimonio cultural de su país.

Marvin Camacho (1966), por su parte, titula su obra sinfónica Dela Sabiduría del Rey Salomón como un Salmo. En su obra se evidencia el tema personaje de Judea, el hijo David, el Rey Salomón, quien, según los textos bíblicos, termina construyendo el templo. NO obstante, el compositor no está narrando o recreando dicha historia, sino que, trae en sonidos musicales, de una forma simbólica, un homenaje a la sabiduría como tal. Al igual que Carlos Castro, Camacho, escribe dicha obra como una comisión de la Orquesta Sinfónica de Heredia.

Eddie Mora (1965), por su lado, quien es el director titular de la Orquesta Sinfónica de Heredia, también nos entrega su obra en este disco, ofreciendo uno de los ya tradicionales conceptos para nuestro tiempo y para América Latina: la figura de director- compositor. Su obra titulada Caminos de piedra, está inspirada en el recién publicado libro, Una historia escrita en piedra: los petrograbados de Guayabo de Turrialba, de varias autoras y editado por la EUCR. EL compositor traspasa esta historia esculpida en piedra a una historia sonora. Esta descripción por medio del sonido excita nuestra fantasía, transformando el símbolo que se parece a una espiral en forma de letra S, en un mapa de la vida: tal vez de una persona, quizá de un pueblo, de una sociedad o de un país. Y sin abandonar dicha fuente de inspiración, la última obra del disco . Caminos de piedra, une simbólicamente por medio de un petrograbado (todavía sin explicación por los científicos de nuestro tiempo), las épocas musicales presentes en un espacio geográfico: Costa Rica.

 Nota escrita por:

Ekaterina Chatski

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«Rompiendo Moldes»  Tercera producción discográfica de la OSH

«Rompiendo Moldes» Tercera producción discográfica de la OSH

El tercer disco compacto de la Orquesta Sinfónica de Heredia (OSH), titulado Rompiendo moldes, se distingue no solamente por su nombre, sino por lo que se encuentra detrás de este, que es importante entender en su sentido más directo. Es decir, asistimos al rompimiento de los clichés, que se percibe como ruptura de ideas muy repetidas, cuya acción de fractura trae consigo nuevos cambios, que aparecen y sin necesarias en el ya formado nuevo contexto histórico del país. Sobre este, el contexto, empezaremos nuestra introducción.

El disco fue grabado en las Temporadas 2012 y 2013, cuando la OSH y su Director Titular, Eddie Mora, empezaron a romper conscientemente las tradiciones de selección de un repertorio sinfónico para conciertos de temporada, a pesar de las opiniones adversas de la crítica local. Con argumentos de peso, se logró persuadir a la opinión pública acerca de la necesidad de romper con el consabido cliché: la consuetudinaria interpretación de obras universales, sin dar el justo valor a las composiciones de carácter regional y local.

En esta dirección, en el repertorio de las Temporadas 2011 y 2012 sucedieron cambios significativos, ya que la mitad de las obras interpretadas en los conciertos fueron escritas por compositores latinoamericanos. Muchas de estas forman parte de los tres discos compactos: el primero, Caminos, lanzado a finales de 2011; el segundo, Retratos, editado a principios del año 2013; y el presente, titulado con acierto, Rompiendo moldes.

Sin embargo, esta circunstancia no solamente es significativa en relación con el nombre del disco, sino también, la atmósfera que domina en su espacio sonoro, que contiene valiosos ejemplos musicales de los cambios y transformaciones sucedidos durante el siglo XX y lo que va del presente.

Uno de los factores que señala el rompimiento de las tradiciones es la grabación de obras escritas en las primeras dos décadas del siglo XXI, desde los autores más venerados como el boliviano Alberto Villalpando, nacido en el año 1940, hasta el joven compositor de apenas veintiséis años de edad, Andrés Soto, por ejemplo.

En cada una de las obras del disco resalta una óptica definida y un fundamento conceptual por parte de cada compositor desde su mundo sonoro.

Escuchando y comparando entre sí dos obras de los compositores de América del Sur, podemos dar cuenta de lo anterior. En el Concierto para violín y orquesta de cámara (2011), del boliviano Alberto Villalpando, el compositor se aproxima al material música por medio de la geografía sonora de su país, dando un rol principal al violín que parece un caminante solitario por las llanuras inhóspitas y desapacibles, soportando condiciones climáticas hostiles.

La obra Solstitium (2012), de la compositora venezolana Diana Arismendi (1962), por su parte, reproduce con vivo reflejo la vivencia de la artista, que asiste al antiguo ritual Inti Raymi de tribus andinas, en el valle de Quito: “Estás en el centro del mundo y es el día del solsticio de verano, que da comienzo al verano en el hemisferio Norte y al invierno en el Sur. En una explosión de colores, música y tradición en la que la Tierra ofrece el “Rey Sol” todos sus frutos al final de uno de los ciclos de cosecha: maíz amarillo y morado, frutas, legumbres, granos – y la emblemática hoja de coca -; el Sol, radiante y puntual, apareció a las doce del mediodía, desafiando un día nublado y lluvioso, y desapareció progresivamente. El canto de un pájaro que acompañó, infatigablemente, en una visita también reciente a la ciudad de Lima, se me impuso en la expresión de la flauta y el clarinete que revelan, a su manera, el carácter de la prodigiosa y fascinante región andina”, refiere Arismendi.

Solstitium está dirigida en este disco por el compositor Alfredo Rugeles, quien visitó Costa Rica en setiembre del año 2012 en calidad de director invitado de la temporada de la OSH.

En la Suite Amighetti (2003), el compositor costarricense Eddie Mora (1965) interpreta mediante sonidos musicales los grabados y escritos del artista plástico Francisco Amighetti (1907-1998), donde aparecen las imágenes de la hora más oscura antes del amanecer, otras del diablo persiguiendo a un niño, o la procesión de Semana Santa.

Y finalmente, la obra que cierra el presente disco es El susurro de una brisa (2012), que pertenece al joven compositor Andrés Soto (1986), quien estudió y vive actualmente en la ciudad de Nueva York. Esta pieza presenta otro cuadro musical: una historia evangélica que se transmite con medios musicales cercanos al mundo del cine. Esto no es fortuito, porque el compositor vive y trabaja en el ambiente de las sonoridades cinematográficas.

No sería objeto de perdón olvidar una obra emblemática reproducida en la carátula del disco, cuyo creador es el artista plástico José Miguel Rojas (1959) que, literalmente hablando, rompe moldes: “rompe” un disco perteneciente a una reconocida casa discográfica, ya que en palabras del artista: “Los LP, cassetes y VHS dentro de poco verán su muerte. Serían sustituidos con la aparición del CD y la nueva tecnología”. Su sentido ubicable en 1988 (año de aparición de dicho cuadro), también se puede relaciones con nuestro tiempo, en el que la tecnología sigue su vertiginosa senda de innovaciones en relación asimétrica con las modificaciones lentas de nuestro pensamiento.

De esta manera, el disco Rompiendo moldes es un vivo ejemplo de los primeros rompimientos de ciertas tradiciones musicales en Costa Rica, que no termina con el lanzamiento de los tres discos, sino que continúa en la actividad concertista de la OSH que adquiere un sentido anticolonial, tan importante para esta parte del mundo; que se muestra por medio de la ejecución solamente de obras de compositores latinoamericanos en todos los conciertos de la Temporada 2013.

Nota escrita por:

Ekaterina Chatski

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