Nacido en Tehuacán, Puebla, el 28 de noviembre de 1927, Joaquín Gutiérrez Heras estudió arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), carrera que abandonó para dedicarse por completo a la música. Comenzó su formación como autodidacta, y en 1950 ingresó al Conservatorio Nacional de Música, bajo la guía de Irme Hartman, así como de los compositores Rodolfo Halffter y Blas Galindo. Posteriormente, estudió en el Conservatorio de París con el compositor Oliver Messiaen y la directora de orquesta Nadia Boulanger, además de la Escuela Juilliard, en Nueva York, donde se graduó como músico.
Fue director de Radio UNAM, de 1966 a 1978; impartió la materia de Análisis en el Conservatorio Nacional, entre 1969 a 1970, y se desempeñó como maestro de composición en el taller del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), de 1974 a 1977. Aunque desde hace 15 años dejó de tocar el piano y de componer por motivos de salud, para Gutiérrez Heras la música era su vida y el reconocimiento a su trabajo era parte de ella. Baluarte de la música mexicana, entre los reconocimientos que recibió Gutiérrez Heras destacan la Diosa de Plata, el Ariel y la Medalla Salvador Toscano.
Su catálogo incluye más de setenta obras, entre ellas Divertimento para piano y orquestaSinfonía breveTrópicosCuarteto de cuerdasVariaciones sobre una canción francesa y Postludio, ésta última es una de sus piezas más interpretadas.
El pianista Raúl Herrera destacó que el músico poblano se caracterizó siempre por su independencia de pensamiento artístico: “Nunca formó parte de un grupo estético. Escribía música tonal y completamente atonal, según lo que considerara adecuado para el momento.
En cine, por ejemplo, hizo obra “muy tradicional y otra muy de avanzada, en la que por ejemplo llegaba a jugar con discos de acetato, como después lo harían los diyéis”, agregó.
Quizás durante un tiempo fue visto como un músico marginal, pero después fue adquiriendo la posición que merecía en la historia de la cultura en México. Jamás compuso para ganar aplausos: siempre lo hizo en términos de su necesidad creativa, y en el caso de la música para cine, de lo que requiriera la película.
En 2012, año de su muerte, las orquestas dependientes del INBA dedicaron todas las presentaciones de un fin de semana a la memoria del compositor; igualmente, la Filarmónica de la Ciudad de México le rindió homenaje en el Centro Cultural Ollin Yoliztli. Lo anterior se suma a un recital con su obra, como parte del Foro Internacional de Música Nueva Manuel Enríquez.
Por su parte, la actriz y directora teatral Martha Verduzco, vecina y amiga de Gutiérrez Heras, recordó que una conocida común lo describía así: “Era adorablemente insoportable. Su personalidad accesible y fría era sólo una apariencia defensiva”. (La Jornada, texto base).