Bohuslav Martinú nace en Policka, actual República Checa, en 1890, y fallece en Suiza, en 1959. La tradición musical checa de los Smetana, Dvorak y Janacek tiene en Martinu a su mejor representante en el siglo XX. Paradójicamente, en 1910, había sido expulsado de la Escuela de Órgano de Praga por su falta de aplicación. La base de su técnica musical la adquirió más adelante, como violinista de la Filarmónica Checa. En 1923 marcha a París, donde empieza a darse a conocer como compositor. En 1940, se establece en Estados Unidos y en 1953 en Suiza.

Autor prolífico, aunque vive la mayor parte de su vida alejado de su patria, los ecos de su tierra natal checa están presentes a lo largo de toda su producción. Adscrito al neoclasicismo, cultiva todos los géneros, destacando en el escénico con óperas como JulietaMirandolina y La pasión griega; y en ballets como Spalícek. De este extraordinario orquestador no pueden pasar inadvertidas sus seis sinfonías y obras como Frescos de Piero della Francesca.

Bohuslav Martinú es un compositor inmensamente variado y fecundo. Sus dieciséis óperas incluyen La pasión griega, Ariadna, y la ópera radial Comedia en el puente. Entre sus partituras de ballet se cuenta con Špalíček, basado en un cuento de hadas. En su catálogo de música orquestal hay una impresionante lista que incluye seis sinfonías y conciertos para diversos instrumentos, donde resalta la Rapsodia-concierto para viola y orquesta. Su música de cámara tiene una cantidad desconcertante de piezas: dúos, trío, cuartetos, quintetos, sextetos, septetos, octetos y nonetos. En cuanto a música para teclado, tiene muchas piezas cortas para piano, para dos pianos, así como, para clavicémbalo. Asimismo, Martinú ha legado música vocal y coral, entre la que destaca el oratorio Gilgameš, basado en una antigua epopeya babilónica. También, escribió partituras corales derivadas de temas bíblicos, y un considerable número de arreglos corales de música tradicional checa, eslovaca, y moraviana. También escribió canciones.