Manuel de Elías dirige a Manuel de Elías.

El compositor y director orquestal mexicano, Manuel de Elías, quien hace poco visitó a Costa Rica, dejó una impresión admirable como músico y como persona. Su huella personal se percibe con claridad en la variedad sonora de su composición grabada en el presente disco. Su Sonante n.° 7 (1974) forma parte de once obras que llevan el mismo nombre, cuya mayoría están compuestas para orquesta sinfónica, mientras que otras están escritas con variantes instrumentales: para piano, para quinteto de cuerdas u orquesta de cuerdas y, también, para coro y orquesta.

Cabe resaltar, que los títulos Sonante provienen del vocablo “sonar”, que propone al compositor variadas combinaciones sonoras, con las cuales experimenta en su partitura.

Entre el material sonoro del Sonante n.° 7 sobresalen las estructuras homogéneas de carácter ondulado que se acercan al sonido de un órgano tubular (este instrumento acompañaba al compositor desde su niñez cuando presenciaba los ensayos de su padre en las iglesias, antes de misas); la diferencia de registros sonoros entre las voces graves y armónicos de violas y violines; el contraste entre los expresivos saltos melódicos y la transparencia de las texturas impresionistas; y, el uso de clúster en el trémolo de los registros bajos de los instrumentos de cuerdas, que trasmiten sensación de susurros e inquietud.

Pero no solamente los experimentos sonoros se distinguen en esta obra. En esta se percibe la esencia del compositor que él mismo expresa en el siguiente dicho: “No soy homo sapiens, sino homo ludens”. Una de las secciones de la obra que refleja esta naturaleza es el inicio de esta, que se abre con el unísono prolongado de toda la orquesta acercándose a la sonoridad de una obertura propia de la ópera italiana. Sin embargo, es simplemente apariencia, que se descompone en el devenir del tiempo.

Alberto Villalpando. Mística n.° 5 para clarinete, corno, fagot, violín, viola, violonchelo y contrabajo.

En una conferencia ofrecida en el mes setiembre del 2011, en Medellín, Colombia, el compositor boliviano, Alberto Villalpando, contaba sobre su experiencia vivida a su regreso a Bolivia en el año 1965, después de estudiar en el Instituto Torcuato di Tella. La educación vanguardista que recibió bajo la dirección de Alberto Ginastera, en Argentina, contrastaba con las prácticas musicales bolivianas basadas en los programas decimonónicos de estudios musicales.

La situación que se le presentó a su regreso, lo puso a pensar en cómo escribir la música para un público inexperto, sin traicionarse a sí mismo. En este camino tortuoso, le ayudó su trabajo como compositor para el cinematógrafo, que le motivó a realizar muchos viajes por todo el país. El conocimiento de su tierra natal, también le habría de proporcionar una nueva concepción hacia la música, que el mismo compositor refiere de esta manera: “la descripción de la geografía andina por medio de sonidos musicales, aquella que no es paisajista, sino que propone diferentes estados de ánimo”. En Mística n.° 5, interpretada en este disco, escrita diez años más tarde de su regreso a Bolivia, en 1975, se presenta un intérprete con un instrumento llamado quenacho, de origen aimara o quechua, perteneciente a la familia de la quenas. En la obra, dicho sea de paso, este rol es encargado al clarinete solo, que vibra con el destructivo y agresivo viento que sopla en el altiplano muy hostil, seco y sin vegetación (estos papeles de la naturaleza andina son ejecutados por los restantes instrumentos del ensamble).

Blas Atehortúa. Concertino para orquesta juvenil op.102

Polifacético y prolífico compositor colombiano, quien en el año 1981 dictó un curso de composición en Costa Rica, dejando gratas y perdurables impresiones entre los compositores jóvenes de aquel tiempo. Pero la llegada de Atehortúa no solamente impresionó, sino que proporcionó un documento musical que está grabado en el presente disco, su Concertino para orquesta juvenil Op.102, que fue dedicado a la Orquesta Sinfónica Juvenil de Costa Rica con las siguientes palabras: “A la orquesta Sinfónica Juvenil de Costa Rica, en un día que considero magno en nuestra historia musical hispanoamericana al concluir nuestro Primer Taller-Seminario de Composición, Proyecto CIDESIN de OEA. En mi más sincero y profundo reconocimiento a los maestros AGUSTIN CULLEL y GERALD BROWN, mis amigos”. Atte, Blas Atehortúa. San José, Costa Rica, Abril 25/81”.

Dicha obra, escrita para orquesta juvenil habla por ella misma.

Está escrita en tres movimientos, cuyo primero es más atrevido que los otros, en el que propone el sumergimiento en estructuras musicales disonantes y en la técnica aleatoria. El segundo y tercer movimientos son de carácter didáctico, donde revela no solamente la ingente dedicación, sino el encargo (obra compuesta por encargo de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Costa Rica). Así las cosas, su segundo movimiento es Passacaglia, escrita en una forma musical Tema con variaciones; y el tercer movimiento es Rondó-Ostinato, compuesto con la utilización de esta antigua estructura musical.

Berny Siles.Siete palabras de Cristo en la cruz

Berny Siles se destaca en el ámbito artístico costarricense como un compositor que utiliza con frecuencia los temas religiosos en su creación musical. Entre sus obras se encuentran Misa de Réquiem (ganadora del Premio Aquileo Echeverría), Misa Brevis, Misa de San Lucas, Misa de Navidad, además de Letanías y tres Antífonas.

La obra Siete palabras de Cristo en la cruz (2012) fue escrita por encargo de la Orquesta Sinfónica de Heredia para el concierto de Semana Santa. En esta composición, Siles optó por el empleo del texto religioso en la voz del barítono, escribiendo las siete palabras en idioma hebreo y no como se emplea tradicionalmente, en latín; con la excepción de la cuarta palabra que usualmente se canta en hebreo: “Elí, Elí…”. Precisamente, después de pronunciar esta cuarta palabra: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, el compositor usa una cita que pertenece a Eddie Mora, que se encuentra en su tercer cuarteto.

La selección de esta cita no es fortuita en la obra de Siles. Su aparición es simbólica, en el sentido de que en el cuarteto de Mora, dedicado al prócer de la patria Juan Rafael Mora Porras, dicho fragmento representa el “tema de la duda”. No obstante, el desasosiego de un personaje terrenal muda su significado en la obra de Siles, transformándose en la duda de una deidad.

Eddie Mora dirige a Eddie Mora

Una de las características principales del director titular de la Orquesta Sinfónica de Heredia, en su calidad de compositor, es probar las sonoridades de diferentes ensambles, experimentar con las texturas sonoras, para así lograr una original paleta de colores instrumentales. Así sucede en la obra Ye Sulé II, escrita para ensamble de vientos, piano, arpa y percusión, en la que utiliza la cita de un canto femenino de la población bribri. La misma melodía fue el punto de inspiración para otras obras del compositor: Sula’, para viola, piano obligado, orquesta de cuerdas y percusión; así como, para ¿Quién amanece?, obra para flautín, ocarina y orquesta de cuerdas; y, por último, también en Ye Sulé I, para piano.

La idea primordial de la cita está dirigida hacia la Originadora, es decir, la diosa bribri, a quien la cantora le entrega su destino. Por su parte, el compositor emplea esta cita en la parte central de la obra en las voces gélidas de los instrumentos de percusión, tales como el carillón y los crótalos, los cuales ubican a los escuchas en el mundo encantado de la selva tropical. Los timbres álgidos preceden y continúan por otras voces instrumentales que ornamentan y complementan esta mágica historia.

 Nota escrita por: 

Ekaterina Chatski

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